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Mi Marido Prestado romance Capítulo 805

Justo cuando todos empezaban a soltarse más, Iker miró la hora y palmeó el hombro de Eleonor para arruinar la diversión.

—Ya es hora. Tienes que ir a descansar.

Eleonor todavía tenía ganas de seguir jugando, pero antes de que pudiera replicar, Álvaro y Natalia salieron juntos de la sala de estar.

—Ellie, nosotros ya nos vamos.

Álvaro hizo un gesto hacia los jóvenes.

—A esta edad ya no aguantamos desvelarnos. Ustedes sigan divirtiéndose.

Eleonor se levantó apresuradamente, tomó del brazo a Natalia y le dijo con cariño:

—Natalia, los acompaño a la puerta.

Susana, que salía junto a Yolanda, notó la escena y captó la envidia en el rostro de Yolanda.

Le dio unas suaves palmaditas en la mano.

—Esta niña es de corazón noble. Trata bien a quien la trata bien. Fue criada por los esposos Osorio, así que es natural que el vínculo sea profundo. Pero al final del día, nadie puede reemplazar a una madre biológica.

Si decía esto, era porque veía que la familia Estrada estaba dispuesta a todo para compensar a Eleonor.

Si los Estrada fueran personas irracionales, con el carácter de Eleonor, ni siquiera si revivieran a sus antepasados lograrían acercarse a ella, mucho menos su madre.

Yolanda reprimió el escozor en sus ojos y negó con la cabeza con una sonrisa triste.

—Es natural que Ellie tenga una buena relación con la señora Osorio. Solo siento que he estado ausente en demasiadas etapas de su vida.

...

Natalia caminaba lentamente hacia la entrada, apoyada en Eleonor. Su mirada se detuvo en las mejillas ligeramente sonrosadas de la joven y su voz se suavizó.

—Mírate, estás tan feliz esta noche que ni siquiera sientes el cansancio.

—Si usted y mi maestro vienen a verme, jamás podría cansarme —respondió Eleonor con dulzura.

Quizá por haber crecido bajo la tutela de ambos, aunque ahora estuviera embarazada, siempre se sentía como una niña pequeña cuando estaba con ellos.

Natalia miró a Álvaro por encima del hombro.

—Ya la escuchaste. Esta chica siempre ha sido dulce para hablar. Apuesto a que el bebé que lleva dentro será igual o mejor.

Eleonor no desaprovechó la oportunidad.

—¿Entonces podré hacerlos reír todos los días?

—Claro que sí, claro que sí.

Natalia no pudo evitar reír.

Mientras hablaban, llegaron al vestíbulo. Álvaro intervino:

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