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Mi Marido Prestado romance Capítulo 812

Amanda no hizo más preguntas y salió de la oficina.

Simona terminó de revisar los documentos, dejó la pluma sobre el escritorio y se recostó en la silla.

Ese último mes había pasado más rápido de lo que imaginaba.

Al atardecer, regresó temprano al Chalet La Brisa Marina, algo inusual en ella.

Yolanda Vázquez estaba sentada en la sala, revisando un cuaderno de notas. Al escucharla entrar, levantó la mirada.

—Llegaste temprano hoy.

—Hoy estuvo tranquilo —respondió Simona, cambiando sus zapatos por unas cómodas pantuflas y entregando su abrigo y bolso a la empleada, para luego sentarse junto a Yolanda.

Echó un vistazo al cuaderno que sostenía Yolanda; estaba lleno de hermosas letras cursivas con recetas y anotaciones. Algunas partes estaban tachadas y reescritas, evidente prueba del esmero que le estaba poniendo.

—¿Qué es eso?

—Es para Zoe —Yolanda deslizó un dedo sobre una de las líneas—. Ya casi es hora de que dé a luz. Iker y la familia son muy atentos, pero quería hacer algo especial por ella. Pensé en prepararle unas infusiones postparto para ayudar en su recuperación. Ya le pedí al señor Osorio que revisara las recetas y me confirmó que le sentarán muy bien.

El cuaderno tenía varias recetas de tés y caldos, con indicaciones de horarios y beneficios.

Simona no pudo evitar sonreír.

—Te lo estás tomando más en serio que si escribieras un reporte para la empresa.

—Es para Zoe, no puedo tomarlo a la ligera —Yolanda la miró con fingido reproche, aunque con una sonrisa—. Esa niña es muy detallista con sus pacientes, pero cuando se trata de ella misma, es un desastre.

Al final, era joven y no sabía cuidarse del todo.

—Mañana iré a la Clínica San Jorge a comprar las hierbas medicinales. Las dejaré preparadas por fechas para mandárselas.

—No vayas tú, le pediré a Amanda que haga ese mandado. Aún no te recuperas del todo de la pierna, si Zoe te ve así, terminará cuidándote a ti.

Dicho esto, Simona miró hacia el segundo piso.

—¿Y Rufino?

—Está en el jardín hablando por teléfono, creo que es del trabajo.

Yolanda tomó su taza de té y le dio un sorbo antes de cambiar de tema.

—Mañana tienes que ir a Aguamar, ¿verdad?

Simona sabía a qué se refería.

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