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Mi Marido Prestado romance Capítulo 843

Cuando Eleonor despertó de su siesta, la luz del atardecer ya teñía la ventana de un tono anaranjado.

Sus pensamientos apenas comenzaban a aclararse cuando escuchó el motor de un auto en la planta baja.

Se puso un suéter tejido y bajó las escaleras. Simona ya había entrado al recibidor; en una mano llevaba una elegante caja de postres y en la otra una bolsa de frutas.

—¡Simona!

Eleonor se acercó a recibirla con una sonrisa brillante. Su mirada voló de inmediato hacia la caja de postres.

—¿Es pastel de queso?

Al ver su expresión de antojo, los labios de Simona se curvaron en una sonrisa.

—Sí, pero primero vamos a cenar. El postre es para después.

—Trato hecho —aceptó Eleonor sin dudar. Le entregó la caja a una empleada de la casa y tomó a Simona del brazo para guiarla hacia la sala—. ¿Ya comiste algo?

—Vine directo después de la reunión, no tuve tiempo ni de pensar en comer.

Apenas Simona terminó de hablar, Susana Castillo asomó la cabeza desde la cocina.

—Qué oportuno, justo le pedí a Laura que preparara dos platos más. Me imaginé que, llegando a esta hora, seguramente no habrías cenado.

—Señora Castillo, de nuevo dándole molestias —agradeció Simona con una sonrisa.

—¿Qué molestias? A mí me hace feliz que vengas.

Susana agitó la mano restándole importancia y volvió a la cocina para terminar de organizar todo.

Eleonor llevó a Simona al comedor y se sentaron juntas. En cuestión de minutos, varios platos de comida casera y humeante fueron servidos.

Simona comía sin prisa, pero Eleonor notó que, al servirse, se frotaba el estómago de vez en cuando de manera casi imperceptible.

Era un movimiento tan sutil que parecía un acto reflejo.

Eleonor la observó unos segundos más y no pudo evitar preguntar:

—Simona, ¿te duele el estómago?

Simona se quedó paralizada un instante. Luego soltó los cubiertos y rió suavemente.

—Es lo de siempre. He tenido demasiadas reuniones últimamente y no he estado comiendo a mis horas.

—Eso no puede seguir así.

Eleonor se levantó de inmediato, sacó de la alacena una caja de infusiones naturales para el estómago, preparó una taza y se la puso al lado.

—Primero tómate esto, te caerá bien. En un rato te daré una receta para que compres unos ingredientes; si te lo tomas religiosamente durante una semana, te vas a recuperar.

Simona miró el té humeante frente a ella. Guardó silencio por un segundo y luego dio un sorbo. El calor de la infusión bajó por su garganta, reconfortando todo su cuerpo.

Dio otro sorbo antes de responder en voz baja:

—Está bien.

Eleonor volvió a sentarse frente a ella y, mientras le servía más comida, empezó a regañarla:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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