El taxi que pidió Abril la llevó al centro comercial.
Ya había preguntado y sabía que había una tienda de artículos de lujo de segunda mano con precios justos.
Necesitaba vender lo que tenía lo más rápido posible.
Abril entró a la tienda y sacó todo lo que traía en la mochila.
—Quiero vender esto.
La empleada del mostrador era una mujer eficiente que, con un gesto educado, asintió a Abril y luego vació el contenido de las bolsas que le había entregado.
No eran muchas cosas. No se podían considerar extremadamente valiosas, pero tampoco eran baratas.
El artículo más caro era un reloj Submariner verde hecho por encargo.
Al ver ese reloj, la expresión de Abril se nubló por un instante.
Abril tenía mucho talento. Estudiaba diseño de modas y, durante la universidad, uno de sus diseños se convirtió en un éxito rotundo de la noche a la mañana.
Los pedidos para esa prenda se dispararon.
Después de eso, varias empresas empezaron a encargarle diseños.
Cada uno a un precio de quinientos mil pesos.
Además, recibía un porcentaje de las ventas.
Sus ingresos anuales superaban el millón de pesos.
Pero la diferencia de estatus entre ella y Luciano era abismal, y mucha gente decía que se estaba aprovechando de él, que lo perseguía por su dinero y su posición.
Por eso, con el tiempo, empezó a hacerle regalos caros.
Ese Submariner verde era el más valioso de todos.
Llevaba grabado el nombre de Luciano, su fecha de nacimiento y una hermosa dedicatoria. En total, había costado dos millones doscientos mil pesos.
Se lo entregó llena de ilusión, pero Luciano… nunca se lo puso ni una sola vez.
Sus sentimientos, él siempre los había despreciado.
… Los había pisoteado.
La empleada, con guantes blancos, examinaba cuidadosamente los artículos que Abril le había traído.
Cuando terminó, le sonrió.
—Señorita, ya he confirmado que todas sus piezas son auténticas. ¿Tiene los registros de compra y las facturas?
Abril asintió y sacó las facturas y los comprobantes de todo.

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