Eran mejores amigas, compartían los mismos valores.
Miró a Abril con seriedad y dijo con dificultad:
—Abril, la situación de Gael… no es la de una persona cualquiera. La responsabilidad de cuidarlo… es muy grande.
David respiró hondo.
—Es frágil, sensible, tiene depresión, tendencias autodestructivas, tiene…
—¡Yo me hago cargo de él! —lo interrumpió Abril con firmeza—, David, no importa cómo esté Gael, yo me haré cargo.
Mariana solo le había dejado a Gael a David.
Para Abril, ¿acaso no era lo mismo?
David vio la determinación en la mirada de Abril y se pasó una mano por la cara.
Cuando la bajó, había una sonrisa de alivio en su rostro.
—En estos años, he intentado ayudar a Gael a salir adelante, pero mis recursos son limitados… La presión económica, su enfermedad… La verdad es que no doy abasto.
David se sentía impotente.
Su familia era de clase media. Cuidar de Gael, estar pendiente de su enfermedad y además ayudarlo con sus deudas lo obligaba a trabajar sin descanso. Estaba agotado.
En realidad, no podía ocuparse de todo como debía.
Su propia situación tampoco era buena: sufría de ansiedad, irritabilidad, no podía dormir una noche completa y sus tarjetas de crédito estaban al límite.
Estaba a punto de colapsar.
Abril le dio una palmada compasiva en el hombro.
—David, has hecho un trabajo increíble. Ahora déjamelo a mí.
David la miró con gratitud.
—Abril, gracias. Sabiendo que tú cuidarás de Gael, puedo estar más tranquilo.
Abril asintió y le transfirió un millón ochocientos mil pesos.
—El doctor dice que para Gael es mejor recuperarse en casa que en el hospital, así que me lo llevo. Te encargo que te ocupes de los cobradores. Los doscientos mil pesos que sobran… tómalos como un préstamo.
David no se negó.
Realmente necesitaba ese dinero.

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