Después de recibir el dinero, Abril corrió hacia el hospital.
No se detuvo ni un segundo.
Cuando llegó apresuradamente, Gael ya había sido trasladado a una habitación normal.
—El doctor dijo que despertará pronto —le informó David.
Abril soltó un suspiro de alivio.
Justo en ese momento, un murmullo débil provino de la cama.
—Agua… agua…
Abril sirvió rápidamente un vaso de agua mientras David ayudaba a Gael a incorporarse.
Con delicadeza, Abril le dio de beber a Gael poco a poco.
Gael tomó unos sorbos y se detuvo.
Luego, abrió lentamente los ojos.
Lo primero que vio fue el hermoso rostro de Abril, lleno de preocupación y angustia.
Al instante, los ojos de Gael se enrojecieron.
—Lili.
Abril sintió como si algo le hubiera golpeado con fuerza en el pecho.
Una mezcla de tristeza y dolor.
Lili era su apodo.
Solo se lo había dicho a Mariana y a… Luciano.
Pero Luciano rara vez la llamaba así.
Solo había visto a Gael una vez en persona, pero durante la universidad había escuchado su voz en innumerables ocasiones.
Cuando salía con Mariana a comprar un café o a comer, Mariana siempre le mandaba mensajes a Gael, y por teléfono se escuchaba su voz dulce: «Hermana, que tú y Lili coman mucho».
Gael era muy guapo, de facciones finas y una mirada clara.
En ese momento, se veía débil, roto, como un cachorro que había perdido a su dueño.
Abril se acercó lentamente y lo abrazó con suavidad.
Le dio unas palmaditas temblorosas en la espalda.
—Tranquilo, ya pasó. Todo está bien.
Al decir eso, sintió cómo el cuerpo en sus brazos se tensaba.

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