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No Era Mi Esposo, Era Mi Verdugo romance Capítulo 13

Como había bebido la noche anterior, Fabiana despertó con un ligero mareo.

Cuando se levantó, Jessica ya se había ido a trabajar. Sobre la mesa había dejado el desayuno preparado y dos copias del acuerdo de divorcio.

Fabiana abrió WhatsApp y, efectivamente, tenía un montón de mensajes de Jessica. Además de recordarle que comiera bien y cuidara su salud, le explicaba detalladamente los términos del acuerdo de divorcio.

Era un documento profesional, riguroso y exhaustivo. Había asegurado los mayores beneficios posibles para Fabiana dentro del marco legal.

Para haber logrado algo así en tan poco tiempo, seguramente Jessica no había pegado el ojo en toda la noche.

Fabiana se sintió profundamente conmovida y no dudó ni un segundo; firmó al final de la página. Luego, guardó los papeles en su bolso, planeando entregárselos a Alexandro en persona.

Después de arreglar eso, se sentó a desayunar. Aún le quedaban días de vacaciones, así que planeaba ir al hospital en cuanto terminara.

Pero a la mitad del desayuno, recibió una llamada del hospital.

Los nervios la invadieron de inmediato. El día anterior, el doctor le había dicho que no la contactarían a menos que fuera una emergencia.

Al contestar, a Fabiana le temblaba la mano:

—¿Doctor, qué pasa? ¿Le ocurrió algo a mi madre?

—Venga al hospital de inmediato —el tono del doctor era bastante brusco.

Por la voz, Fabiana supo que era el mismo médico del día anterior, pero su actitud era completamente distinta. Sonaba impaciente y muy molesto.

—Voy para allá ahora mismo —Fabiana no se atrevió a demorarse, tomó su bolso y salió corriendo de la casa. No entendía qué estaba pasando y sentía una angustia terrible—. ¿Podría al menos adelantarme qué le pasa a mi mamá?

—Le dije que viniera y punto, no haga tantas preguntas.

Y sin más, le colgó.

Fabiana no tuvo tiempo de pensar por qué la actitud del doctor había cambiado tan drásticamente de un día para otro; en ese momento, su única prioridad era llegar al hospital cuanto antes.

Al llegar, el médico ya la estaba esperando. Apenas la vio, empezó a regañarla:

—¿No le dije que viniera rápido? ¿Por qué se tardó tanto?

—Lo siento mucho, vivo un poco lejos y había tráfico —Fabiana jadeaba tratando de recuperar el aliento—. Doctor, ¿qué tiene mi mamá?

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