—Yo pensaba que era yo la que te estaba presionando con todo esto, por eso siempre cedía, siempre me guardaba lo que sentía. Creía que, con el tiempo, verías todo lo que hacía por ti, que entenderías lo mucho que te quería.
—Nunca imaginé que lo único que logré fue que crecieran los malentendidos entre nosotros.
—Pensé que al entrar a Grupo Nueva Miramar lo hacíamos como pareja, trabajando en equipo. Pero resulta que para ti todo tenía un trasfondo oculto.
Mientras Johana contaba estos recuerdos, su voz y su expresión se mantenían serenas, como si hablara de algo que ya no le pesaba, como si recordara otra vida.
Había soltado todo.
El hecho de poder decirle todo esto a Ariel, así, sin darle mucha importancia, era prueba de que ya había dejado atrás todo ese dolor.
Ariel, que se había quedado apoyado a un lado escuchando, la miró con una mezcla de emociones en los ojos. Sentía el peso de sus errores.
Había sido él quien malinterpretó a Johana, él quien se equivocó en cómo manejó todo.
Tragó saliva antes de hablar.
—Joha, perdóname, fue mi culpa —soltó Ariel, sincero.
El arrepentimiento de Ariel no alteró a Johana. Ella simplemente sonrió, tranquila.
Después de esa sonrisa, añadió:
—Ya pasó, todo eso quedó atrás. Salí adelante.
Recordó cuando enfermó y tuvo que ir sola al hospital, cuando pasaba las noches sola en casa, cuando le tocó arreglar los líos que él dejó con otras mujeres. Cuando se marchó sola de Río Plata… Todo eso había quedado en el pasado.
—Todo eso quedó atrás, Ariel. Yo lo superé —reiteró Johana.
Por un momento, Ariel sintió que tenía mil cosas que decir, pero no sabía ni por dónde empezar.
Él sabía, en el fondo, que había fallado.
Incluso pensó que sus acciones demostraban su postura, que al repartir su patrimonio con Johana estaba dejando clara su intención.
Pero Johana nunca se interesó por eso. Ni siquiera quiso quedarse con lo que le correspondía, al final se lo devolvió todo.
Después de tantos años de conocerla, pensó que la entendía.
Pero nunca se tomó el tiempo de conocerla de verdad.
Ariel la miró en silencio. Johana soltó un largo suspiro y luego, entre risas, concluyó:
—Ya estuvo, ¿no? Además, tú me salvaste la vida una vez, estamos a mano desde hace rato.

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