Sintió el deseo de volver a esos tiempos.
Ante el saludo de Ariel, Johana le devolvió el apretón de manos con ligereza.
—Señor Ariel.
Esta vez, al escucharla llamarlo "señor Ariel", una sonrisa se dibujó en los labios de él. Le pareció divertido que ambos estuvieran actuando.
Una vez dentro del salón privado, la conversación giró de inmediato en torno al trabajo.
Como se trataba de una primera reunión para explorar la posibilidad de una colaboración y confirmar el interés de las tres partes, Hugo no organizó nada demasiado formal; prefirió que platicaran del asunto durante la cena.
Aunque la idea de la colaboración había sido de Ariel, ese día no habló mucho. Se limitó a escuchar las discusiones entre Hugo y Delfín, sin dar apenas su opinión. La razón era simple: su verdadero interés no era el negocio, sino Johana.
Por eso, cada vez que ella intervenía, Ariel la observaba con una atención desmedida, escuchando cada palabra con una leve sonrisa en los labios.
Delfín, al notar su actitud, no pudo evitar poner los ojos en blanco varias veces durante la cena. Sin embargo, se contuvo y no armó un escándalo. En su lugar, endureció a propósito las condiciones de la negociación, intentando provocar a Ariel.
Pero este, como si nada, se limitó a decir:
—Por mí está bien, Nueva Miramar no tiene ninguna objeción.
Al ver cómo Ariel cedía en sus propios intereses, Johana se quedó mirándolo. Cuando sus miradas se cruzaron, ella desvió la vista de inmediato.
A mitad de la cena, mientras todos platicaban animadamente, el celular de Johana, que estaba sobre la mesa, comenzó a sonar.
Tomó el aparato y salió del salón para contestar.
La llamada era del equipo del proyecto de Río Verde. Le consultaban sobre algunos problemas técnicos de un proyecto del que ella estaba a cargo allí.
Cuando terminó la llamada y se dio la vuelta para regresar al salón, Ariel ya estaba fuera, esperándola.
La miraba fijamente.

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