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No Me Dejes, Aunque No Te Lo Mereces romance Capítulo 440

No se puede tapar el sol con un dedo. Después de que los resultados de la prueba de ADN de Johana salieran a la luz, toda la familia Paredes no tardó en enterarse de su identidad.

Al saber que Johana no había muerto y que todo había sido una artimaña para escapar, el abuelo le pidió de inmediato a Ariel que la invitara a comer a casa. Para ellos, Johana seguía siendo parte de la familia Paredes.

Ante la invitación, Johana se limitó a mirarlo de abajo hacia arriba. Le parecía una situación bastante cómica.

En ese momento, Ariel añadió con voz suave:

—Aunque ya no seamos esposos, compartimos muchos años juntos. Es solo una comida en casa. No te hablaré de otros temas, y nadie más lo hará.

Le debía una a Johana, la familia Paredes le debía una. Todos lo sabían, por eso Ariel le hacía esa promesa: nadie la presionaría para que volvieran.

Johana lo miró con indiferencia. Viendo que él ya le había dado su palabra, no se puso a discutir ni a darle un sermón. Simplemente, respondió con evasivas:

—Últimamente no tengo tiempo. Regreso al salón.

Ya le había explicado a Ariel su postura en innumerables ocasiones, le había abierto su corazón lo suficiente. Él sabía perfectamente lo que ella pensaba y sentía. Volver a explicárselo ahora sería redundante, así que optó por un rechazo directo.

La farsa de hacía dos años había sido para alejarse de él, para poder irse de Río Plata y recuperarse en paz. Ahora que estaba bien y había regresado, ¿qué sentido tenía volver a enredarse con Ariel y la familia Paredes?

Sin darle oportunidad de replicar, Johana abrió la puerta del salón y entró.

Ariel se dio la vuelta y observó su espalda mientras se alejaba sin mirar atrás. Vio cómo rechazaba la invitación del abuelo y frunció el ceño con fuerza. Estaba en un callejón sin salida.

La Johana de ahora era impenetrable. No tenía ni idea de cómo abordarla.

Mientras la puerta del salón se cerraba, Ariel se disponía a entrar cuando Delfín salió.

Sus miradas se cruzaron. Delfín esbozó una sonrisa burlona y, con un tono provocador, dijo lentamente:

—Señor Ariel, está dispuesta a prenderse fuego con tal de cortar toda relación con usted. Creo que ya no tiene caso que siga insistiendo con Joha.

Aunque nunca había escuchado a Johana hablar de su pasado con Ariel y no conocía los detalles de su relación, solo con los chismes que había leído sobre él, Delfín sabía que Johana lo había pasado muy mal. Ariel no la había tratado bien. De lo contrario, ¿cómo una joven en la flor de la vida podía sufrir una depresión tan severa? ¿Cómo podía llegar a ese extremo, a pensar en la muerte como una salida?

Por eso, Ariel estaba fuera de juego desde hacía mucho tiempo. No tenía ninguna oportunidad.

Ante la provocación de Delfín, Ariel, con las manos aún en los bolsillos, respondió con calma:

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