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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 39

—Esteban, la maestra nos avisó que fuéramos a la zona verde para empezar las dinámicas —dijo Leticia, poniéndose de pie con una sonrisa recatada, sin apartar los ojos de él.

Esteban desvió la mirada de inmediato, cortó de tajo su conversación con Melissa y se levantó para acompañarla.

Melissa se quedó clavada en su asiento, clavando las uñas en sus palmas. Tenía unas ganas inmensas de gritarle: "Si ella no es la amante, ¿entonces lo soy yo?". ¡Cuando se casaron, él nunca le dijo que su corazón le pertenecía a otra!

—¡Señora Meli, ahorita nos vamos a ganar el primer lugar! —exclamó Mía, agarrándole la mano para llevarla al área de juegos.

Al incorporarse, Melissa escuchó la voz de un hombre a sus espaldas:

—¿Viste eso? Esa tipa que estaba aquí adelante se la pasó pegada susurrándole cosas al papá de ese niño. Qué descaro, y hacerlo frente a los críos, qué asco.

Una mujer le dio la razón:

—Sí, mírala, ahí anda sola con la niña. Es típico de esas mujeres que andan sin marido, andan urgidas. Y como el papá de ese niñito está guapo y se nota que tiene dinero... Amor, ten cuidado con ese tipo de resbalosas.

—Uy, ni de chiste me fijo en mujeres así, encima estando el niño ahí. Qué asco de persona. Menos mal que se ve que esa pareja se ama de verdad.

En un abrir y cerrar de ojos, Melissa agarró la bebida sin probar que estaba en su mesa, se dio la vuelta y se la arrojó en la cara.

—¡Aaaah! —gritaron ambos a coro—. ¡¿Estás loca?! ¡Maldita histérica!

La mujer se pasó la mano por la cara, arruinando su maquillaje de salón, y al ver cómo su blusa de seda carísima ahora lucía una horrible mancha marrón, estalló de rabia:

—¡Por qué te pones así por dos verdades! ¡Acaso mentimos! ¡Todo el mundo vio cómo te le ofrecías a ese hombre! ¿Quién se pone a susurrarle cositas al marido de otra? Seguro como te crees bonita, andas haciendo estas asquerosidades a cada rato.

El alboroto hizo que varios curiosos se detuvieran, e incluso Esteban, que iba unos pasos más adelante, giró la cabeza.

Apenas hizo el ademán de devolverse cuando Leticia lo jaló suavemente de la manga.

—La actividad ya va a empezar. Es la primera vez que Andrés participa.

Él se detuvo en seco, bajó la mirada hacia Andrés y cedió.

—Vamos.

Los dos tomaron al niño de la mano y avanzaron hacia el área designada.

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