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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 43

Ese comentario fue la gota que derramó el vaso para Melissa. La furia estalló en su pecho.

—¿Y por qué no mencionas lo cerca que estabas tú de otras mujeres? ¡Yo fui porque Vanessa me lo pidió! ¿Y tú? ¿Acaso el difunto esposo de Leticia revivió y te encargó que cuidaras de su mujer?

Al segundo siguiente, el auto frenó en seco en medio de la avenida. Esteban la sujetó de la nuca y la besó con una brutalidad posesiva, enredando su lengua con la de ella.

Nunca en su vida se había portado de manera tan salvaje. Por un instante, Melissa ni siquiera pudo reaccionar.

Solo escuchaba su respiración agitada. El beso fue tan repentino y arrasador que Melissa sintió que se le adormecía la boca. Su cuerpo, el mismo que él había poseído durante cuatro años, pareció despertar con un escalofrío incontrolable.

Cuando por fin reaccionó, apoyó las manos en su pecho y empujó con fuerza, sintiendo el latido desbocado bajo sus palmas.

Afuera, una sinfonía de cláxones exigía a gritos que avanzaran.

Pero el hombre, que siempre se jactaba de su control y frialdad, parecía sordo al escándalo. La mantenía inmovilizada, profundizando el beso sin tregua.

Al ver que no podía quitárselo de encima, Melissa hundió los dientes. El sabor metálico de la sangre inundó sus bocas al instante, pero ni aun así él retrocedió.

Siguió besándola, devorándola, hasta que un oficial de tránsito golpeó la ventana del auto.

Esteban se separó lentamente. Clavó sus ojos en los labios húmedos de Melissa y, con voz ronca, murmuró.

—Melissa, ¿no puedes simplemente ser obediente?

Ella soltó una risa carente de fuerza.

—¿No soy lo suficientemente obediente? ¿Qué más necesitas? ¿Acaso no he sido dócil todos estos años?

Los golpes en el cristal se volvieron más urgentes.

—¡Estacionamiento en zona prohibida! —se escuchó gritar al oficial.

Esteban presionó un botón y bajó la ventana. Con el rostro claramente marcado y los labios hinchados por el beso, miró al oficial mientras le tendía una identificación especial.

Era un pase VIP del más alto nivel, con el sello de Acceso Restringido y Prioridad Absoluta.

Melissa lo miró con asombro. Esteban siempre mantenía un perfil bajo; jamás lo había visto usar sus privilegios de forma tan descarada en un lugar público.

El hombre no dijo una sola palabra, pero emanaba un aura tan fría que congelaba el ambiente.

El oficial revisó la tarjeta, se la devolvió y se inclinó levemente.

—Mis disculpas, señor Cáceres. ¿Cuánto tiempo más estará detenido?

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