Entrar Via

No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 45

Por la noche, pidieron algo de cenar, se sentaron en la sala a ver una película y compartieron unas cervezas.

A mitad de la comida, Melissa recibió una llamada de Vanessa Quintero.

—Perdóname, no sabía que volvería hoy ni que se aparecería por la escuela.

Melissa, recordando que Esteban también pensaba que Rodrigo no volvería hasta un par de días después, no dudó de la sinceridad de Vanessa.

—No te preocupes. Nadie esperaba que regresara antes.

Vanessa parecía querer decir algo más, pero entonces se escuchó la inconfundible voz cínica de Rodrigo en el fondo.

—Amor, ¿con quién estás hablando? ¿Acaso ya te conseguiste un amante?

La llamada se cortó de golpe con un pitido.

Melissa miró la pantalla de su celular con el ceño fruncido.

Era evidente que Rodrigo no tenía ni una pizca de decencia. Le gustaba Leticia, pero terminó casándose con Vanessa. Y cuando ella quedó embarazada, a él no le importó dejarla sola y marcharse del país.

Incluso ahora, con Mía de seis años, ni siquiera se acordaba del nombre de la niña. Era obvio que madre e hija no significaban nada para él.

De pronto, Melissa vio un amargo reflejo de sí misma en la vida de Vanessa.

La cerveza empezó a saberle a pura hiel, y la angustia creció con cada sorbo.

Antonella no aguantó el alcohol y se quedó dormida. Melissa la cubrió con una manta y se encerró en el estudio.

Aterrada de que Rodrigo realmente estuviera planeando alguna locura en su contra, pasó dos o tres días atrincherada en el laboratorio, trabajando de lleno.

Para excusarse con la abuela, le dijo que la academia de baile había conseguido un evento urgente y necesitaba ensayar.

Sin embargo, aquella tarde recibió una llamada de la señora Cáceres.

La voz al otro lado de la línea sonaba severa.

—Melissa, ¿dónde estás?

Se quedó paralizada. Supuso de inmediato que la anciana había descubierto su mentira.

—Abuela, ¿pasó algo?

—Estoy en tu academia de baile. Hugo está parado a mi lado. Te lo pregunto otra vez: ¿dónde estás? —El tono de la anciana era glacial.

Melissa dejó escapar un suspiro de rendición.

—Abuela, la verdad es que no he estado en la academia estos últimos tres días. Solo salí a caminar para despejar la mente.

Entonces, sacó su mejor excusa.

—Usted le pidió a Esteban que no fuera a la actividad escolar de ese niño, pero fue de todos modos. Me sentía demasiado mal como para bailar.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera