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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 115

Una sonrisa sarcástica asomó en los labios de Nanette.

—¿No deberías estar preocupándote por tu propia hija? Por lo visto, vale más un pedazo de joyería que la seguridad de ella.

Ivón apretó los dientes. —¡No me cambies el tema ni trates de ponerme en contra de mi hija! Te lo digo de una vez: no tienes ningún derecho de quedarte con el collar y no eres digna de llevar puesto algo tan caro.

—¡Nanette! ¡Dámelo!

Nanette ni siquiera le hizo caso.

Ivón empezó a jalonearla de la ropa.

—¡Dónde lo metiste!

Nanette la empujó para quitársela de encima. —¡Ya basta! ¡¿Todos en esta pinche familia traen la maña de andar a los golpes o qué?!

Esa frase terminó por colmar la paciencia de Anatolia.

—¡Chávez!

Chávez era el mayordomo de la familia y el chofer personal de Anatolia. Llevaba casi veinte años trabajando para ella.

Por suerte, no se le habían pegado las mañas de sus patrones.

Chávez siempre había sido un hombre sereno.

No tomaba partido, no hablaba de más y se limitaba a hacer su trabajo en silencio todos los días.

A veces, incluso cuando Anatolia le daba de gritos, él no decía ni pío.

Pasaba tan desapercibido que parecía invisible.

—¡Enciérrame a esta mujer!

Chávez dudó unos segundos, sin saber si intervenir o no.

—¡Que te muevas te digo! —le gritó Anatolia.

Nanette no demostró ni una pizca de miedo.

Chávez murmuró en voz baja: —Con permiso, señora Nanette.

Nanette sabía que de esta no se iba a zafar, así que no le quedó de otra que resignarse.

Eran demasiados contra ella, la traían acorralada y, para acabarla, ya la odiaban. No había forma de salir bien parada. No valía la pena forcejear; no iba a arriesgar al bebé.

Nanette se zafó con calma.

—Yo camino sola, gracias.

—Adelante, señora Nanette —indicó Chávez.

Rápidamente la llevaron al sótano y la encerraron.

Capítulo 115 1

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