Después de colgar el teléfono, Noel mantenía una sonrisa en los labios.
Isaac se le acercó con curiosidad.
—Jefe, ¿quién era? ¿Qué lo tiene tan contento?
Noel curvó los labios.
—¿Parezco contento?
Isaac señaló la comisura de sus labios.
—Aquí se le nota, ya no lo puede disimular.
—Era Iris.
—¿Pasó algo bueno en la empresa? —preguntó Isaac.
—¿Consideras que conseguir a un elemento clave es algo bueno?
—¡Por supuesto! —exclamó Isaac—. Con lo competitiva que está la industria tecnológica, todos se pelean por robar talentos. Mire al propio Galileo Godoy, escuché que hace unos días le robó empleados a la competencia.
Al recordar algo, Isaac se echó a reír.
—Y todavía no se rinde con la búsqueda de "Storm". Se ve que está obsesionado.
Noel sonrió levemente y volvió al tema.
—Charles llegó hoy, y trajo a un amigo para negociar.
Isaac se quedó de piedra.
—¿Cómo que llegó de repente? ¿No faltaban varios días? ¡Dios mío! ¿Tenemos que regresar volando? En toda la oficina, usted es el único que domina el francés.
La mirada de Noel se suavizó y sus labios se elevaron inconscientemente.
—Tu diosa ya los está atendiendo.
Isaac fingió sorpresa.
—¿Ella habla francés?
—Domina el inglés, el francés y el japonés.
Isaac se quedó un buen rato con la boca abierta.
¡Dios mío, si eso no era una diosa, entonces qué era!
—Galileo de verdad está ciego, la tenía de adorno y no se daba cuenta de...
Tsk, tsk, se iba a arrepentir con toda el alma.
Al ver que Noel no podía borrar su sonrisa, Isaac no pudo evitar bromear.
—Jefe, ¿sabe a qué se parece en este momento?
—¿A qué?
—A un padre orgulloso de ver a su hija triunfar.
¿Por qué su jefe actuaba como si fuera el padre de la criatura?
¿Sería esto a lo que llaman "amar todo lo que envuelve a la persona amada"?
Una hora después, Nanette salió de la sala de reuniones.
Iris iba detrás de ella, mirándola embobada de admiración. Por fin sabía lo que significaba la combinación de belleza y talento.
Cuando la conoció, pensó que solo era hermosa, con una belleza inigualable.
Hoy, al verla en acción, sentía tanta admiración que casi le daba envidia.
Frente a las estrictas preguntas del cliente, no titubeó en lo absoluto, alternando entre el inglés y el francés con una fluidez impresionante.
Su capacidad profesional no le pedía nada a la del jefe Noel.
Hasta el exigente Charles no paró de elogiarla al final.
Nanette notó que Iris estaba embobada y chasqueó los dedos frente a sus ojos.
—Por favor, encárgate de lo que te acabo de pedir.
Iris volvió en sí de golpe.
—¿Qué... qué me dijo?
Nanette soltó una risita.
—¿Estabas en las nubes?

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