Yolanda se llevó un buen susto.
No entendía por qué el hombre que había llegado de tan buen humor de repente había cambiado de actitud por completo. Parecía que, justo después de recibir esa llamada, su semblante se había ensombrecido.
—Gali, ¿qué te pasa? ¿Ocurrió algo en la empresa?
Galileo, haciendo un esfuerzo por contener sus emociones, le respondió con voz suave:
—Era Silvio. Me dijo que hubo un problema en el evento de exhibición.
Galileo mencionó el evento a propósito, sabiendo perfectamente la reacción que provocaría en Yolanda...
—Ay, Gali, perdóname... Todo es culpa mía por haber hecho tanto alboroto. Si no fuera por mí, tu abuela no te habría obligado a regresar.
Tal como esperaba, la estrategia funcionó.
—Te lo prometo, Gali, esto no volverá a pasar. A partir de ahora seré una buena esposa, me portaré a la altura y te apoyaré en todo.
Galileo le dio un beso en la mejilla.
—Tengo que ir a la oficina a resolver este problema. Quédate aquí probándote lo que necesites, y compra de una vez los vestidos de gala para el banquete.
Aunque un poco a regañadientes, Yolanda aceptó obediente.
A partir de ese día, se proponía ser una esposa dócil y dulce, y jamás una mujer celosa e histérica. Porque eso era lo que le gustaba a su Gali.
Galileo pisó el acelerador a fondo y se dirigió a la empresa.
Silvio ya lo estaba esperando en su oficina con la carpeta de documentos en las manos.
En cuanto Galileo entró, Silvio se los entregó de inmediato.
Galileo ni siquiera se sentó; leyó todas las hojas de pie.
No fue hasta que vio aquellas palabras impresas en blanco y negro que se atrevió a creer que todo era cierto. Y, al mismo tiempo, se negaba a aceptarlo.
Esa contradicción, la incapacidad de asimilar la realidad, hizo que a Galileo le faltara el aire. Las letras en ese papel eran legibles, pero al juntarlas, formaban una historia que le resultaba completamente ajena...
Nanette Larco.
Ingresó al Departamento de Ciencias de la Computación de la USL con la calificación más alta de toda la ciudad en la rama de ciencias.
Durante su etapa universitaria, obtuvo la máxima calificación en diecisiete asignaturas y fue la primera de su clase por tres años consecutivos.
Lideró a su equipo para ganar la medalla de oro en la Final Mundial del Concurso Internacional de Programación Universitaria.
Posteriormente, acumuló tantos premios en distintas competencias informáticas que ya ni siquiera se molestaba en contarlos.
El código que ella desarrolló fue incluido en los libros de texto por sus profesores, para que las futuras generaciones lo estudiaran y lo admiraran.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó