—¡Noel, eso es trampa! ¡No es justo que te pongas de su lado! ¡Si sigues así, no te vuelvo a hablar!
Resulta que lo que Noel le había susurrado a Nanette era lo siguiente:
—Tiene muchísimas cosquillas en la cintura.
Así que Nanette, ni tarda ni perezosa, se cobró la venganza haciéndole cosquillas sin piedad.
Los dos reían a carcajadas, como si fueran un par de niños jugando sin preocupaciones.
Se sentía como si hubieran vuelto a sus días de universidad, cuando luchaban codo a codo para salir adelante.
Xavier apartó la mirada de los dos revoltosos.
—Vaya que la consientes —comentó.
Noel chocó su copa con la de él.
El sonido cristalino resonó en la habitación.
—Así es como siempre debería de ser.
Aunque al principio el ambiente se puso algo tenso, afortunadamente todo se relajó y la plática fluyó.
Nanette se percató de que Xavier era un hombre que mantenía su corazón bajo llave.
Ni siquiera Noel o Venancio, a pesar de ser tan cercanos a él, lograban descifrarlo del todo.
«¿Quién tendrá la llave de ese corazón?», se preguntó.
En ese momento, la puerta se abrió y alguien entró a toda prisa para susurrarle algo a Xavier al oído.
Su rostro se endureció al instante.
—Llévenla a mi oficina.
—¡Sí, señor! —respondió el empleado antes de salir.
Una vez que el hombre se fue, Xavier se puso de pie, con una mano en el bolsillo del pantalón.
—¿Quieren ir a ver cómo se pone la cosa? —les preguntó.
Venancio estaba jugando piedra, papel o tijera con Isaac, tan concentrado que ni siquiera se molestó en mirar.
—Paso. Todos tus dramas son pan con lo mismo, ya me aburrí de verlos. Prefiero seguir jugando con mi buen Isaac.
Isaac, con las mejillas sonrojadas por el alcohol, asintió enérgicamente.
—Así es, jefe, yo me quedo a jugar con el señor Venancio.
Xavier se volvió hacia Nanette.
—¿Quieres ir tú?
Ella no lo pensó dos veces.
—Claro.
Si iba a haber show, sería un desperdicio no verlo.
Era la primera vez que Nanette ponía un pie en la oficina del dueño de Cúpula Noir.
Y su estilo encajaba a la perfección con la personalidad de Xavier.

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