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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 57

«Está guapísimo…», pensó Dina, sin poder disimular.

Siempre creyó que en todo San Lirio no había un hombre más exitoso y atractivo que su hermano Galileo.

Pero al conocer a Noel, esa idea se esfumó por completo.

—Hola —Dina extendió la mano—. Soy la hermana menor de Galileo, me llamo Dina.

Noel apenas le echó un vistazo a su mano y mantuvo una sonrisa estrictamente profesional.

—Una disculpa, casi no doy la mano; soy medio quisquilloso con la higiene.

Dina no se ofendió y bajó la mano. —¿Cómo dijiste que te llamas?

—Noel Cortés —respondió él.

—¿Noel o Noé?

—Noel.

Dina ladeó la cabeza, curiosa. —¿Cortés o Gortés?

Noel respiró hondo; estaba siendo paciente por pura educación.

—Cortés.

—Ay... qué bonito nombre tienes —dijo Dina.

—Gracias.

—Oye, tú...

—Señorita Godoy, discúlpeme, tengo que hacer una llamada —interrumpió él.

Sin decir más, Noel se dio la vuelta y se alejó.

Dina se quedó mirando su figura alta y elegante, que resaltaba entre la multitud. El corazón se le quería salir del pecho.

¿Acaso esto era amor a primera vista?

El trámite del departamento se completó sin contratiempos, y Nanette por fin pudo respirar tranquila.

Sin embargo, lo que Galileo le debía no se pagaba con una simple propiedad.

Esto apenas era el comienzo.

Al regresar, Nanette notó que Dina no le quitaba los ojos de encima a Noel y de inmediato entendió lo que pasaba.

Noel volvió de su llamada.

—Una disculpa, señor Godoy. Me acaban de llamar de la oficina, parece que hay un problema grave con el nuevo sistema y tengo que regresar enseguida.

Galileo fue comprensivo. —No te preocupes, vete tranquilo, ya platicaremos en otra ocasión.

—Vámonos, hay que ir a ver a Mateo.

Nanette reaccionó al instante. —Galileo, me voy por mi lado, tengo que pasar a la farmacia a comprar unas medicinas.

Galileo asumió que eran cosas de mujeres, así que no insistió y se llevó a Dina, que seguía en las nubes.

Nanette sacó su celular y le mandó un mensaje a Noel.

[¿Tienes tiempo para un café?]

Noel contestó casi enseguida.

[Saliendo a la derecha, a unos doscientos metros, hay una cafetería bastante buena.]

Nanette: [Nos vemos ahí.]

El lugar era pequeño, elegante y muy tranquilo.

Nanette no llevó su coche y se fue caminando.

Noel ya había llegado y escogió una mesa apartada para tener privacidad.

Cuando Nanette abrió la puerta, una mesera salió de ahí con las mejillas rojas.

Tal vez porque no sentía ninguna tensión entre ellos, y a pesar de que apenas era la segunda vez que se veían, parecía que eran amigos de toda la vida. Nanette soltó una broma sin pensarlo mucho.

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