«Está guapísimo…», pensó Dina, sin poder disimular.
Siempre creyó que en todo San Lirio no había un hombre más exitoso y atractivo que su hermano Galileo.
Pero al conocer a Noel, esa idea se esfumó por completo.
—Hola —Dina extendió la mano—. Soy la hermana menor de Galileo, me llamo Dina.
Noel apenas le echó un vistazo a su mano y mantuvo una sonrisa estrictamente profesional.
—Una disculpa, casi no doy la mano; soy medio quisquilloso con la higiene.
Dina no se ofendió y bajó la mano. —¿Cómo dijiste que te llamas?
—Noel Cortés —respondió él.
—¿Noel o Noé?
—Noel.
Dina ladeó la cabeza, curiosa. —¿Cortés o Gortés?
Noel respiró hondo; estaba siendo paciente por pura educación.
—Cortés.
—Ay... qué bonito nombre tienes —dijo Dina.
—Gracias.
—Oye, tú...
—Señorita Godoy, discúlpeme, tengo que hacer una llamada —interrumpió él.
Sin decir más, Noel se dio la vuelta y se alejó.
Dina se quedó mirando su figura alta y elegante, que resaltaba entre la multitud. El corazón se le quería salir del pecho.
¿Acaso esto era amor a primera vista?
El trámite del departamento se completó sin contratiempos, y Nanette por fin pudo respirar tranquila.
Sin embargo, lo que Galileo le debía no se pagaba con una simple propiedad.
Esto apenas era el comienzo.
Al regresar, Nanette notó que Dina no le quitaba los ojos de encima a Noel y de inmediato entendió lo que pasaba.
Noel volvió de su llamada.
—Una disculpa, señor Godoy. Me acaban de llamar de la oficina, parece que hay un problema grave con el nuevo sistema y tengo que regresar enseguida.
Galileo fue comprensivo. —No te preocupes, vete tranquilo, ya platicaremos en otra ocasión.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó