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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 577

Aunque el hombre no sabía quién era Galileo Godoy, pudo sentir de forma instintiva que este sujeto estaba dispuesto a matarlo. Las piernas le temblaron de terror.

Era muy valiente para intimidar mujeres, pero ante un hombre de verdad resultó ser un cobarde.

Comenzó a suplicar clemencia sin parar.

Irene se acercó a Galileo y le dijo en voz baja:

—Suéltalo, no vayas a cometer una locura.

Galileo aflojó su agarre.

El hombre salió huyendo despavorido, tropezando con sus propios pies.

Galileo le lanzó una mirada fulminante a Camila.

—¿Esta es tu gran amiga?

Había un profundo sarcasmo en sus palabras.

Nanette simplemente murmuró con frialdad:

—Gracias.

Irene intervino:

—Galileo, por favor, ayúdanos a subirla al auto. La señorita Larco vino a buscarla; solo podrá estar tranquila si la lleva a casa.

Evidentemente, Galileo no quería ensuciarse las manos con eso.

Al no tener otra opción, Irene le dio una buena propina a uno de los meseros para que subiera a Camila al vehículo.

Cuando Nanette iba a subir al auto, Galileo la tomó del brazo y tiró de ella.

—¡Tengo algo que preguntarte!

Parecía seguir furioso.

Nanette soltó un suspiro.

—Estoy agotada. Si tienes algo que decir, déjalo para otro día, ¿sí?

—No. Me lo vas a decir ahora mismo.

—Galileo, ¿puedes dejar de hacer un escándalo? Estuvimos casados tres años y nos la pasamos peleando. ¿No te parece suficiente? Ya estamos divorciados, ¡así que déjame en paz y dame un poco de tranquilidad!

Nanette era consciente de que sonaba malagradecida hablándole así, sobre todo considerando que Galileo acababa de ayudarla.

Pero el enojo y la frustración que llevaba por dentro necesitaban salir de alguna manera.

Sorprendentemente, Galileo no estalló de furia, sino que preguntó:

—¿Por qué me lo ocultaste?

Nanette no entendió a qué se refería.

—¿Ocultarte qué?

—La última vez te pregunté si estabas embarazada y dijiste que no. ¿A qué juegas ahora?

Nanette se quedó helada.

¿Acaso había escuchado lo que gritó Camila?

Qué más daba.

Tarde o temprano todos se enterarían.

—Sí, estoy embarazada.

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