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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 583

Aquellas palabras parecieron tocar una fibra sensible en Camila.

Alzó la mirada, y en sus ojos solo había desdén y burla.

—Mi familia, para tu información, es de renombre. Soy la adoración de mi casa, ¿y tú me vas a perder el respeto a mí?

A Nanette se le cortó la respiración, tragándose de golpe todo lo que estaba a punto de decirle.

Jamás había tenido la intención de menospreciarla.

Pero la frase de Camila dejaba claro un solo mensaje: «Yo soy la que te menosprecia a ti».

¡Perfecto!

Simplemente perfecto.

—Camila —dijo Nanette, esbozando una sonrisa.

Una sonrisa demasiado rígida y llena de impotencia.

—De verdad que me dejas sin palabras.

El mesero regresó con la carne, esta vez bien cocida, tal como Nanette la había pedido. Pero a ella ya se le había cerrado el estómago por completo.

Apoyando las manos en el borde de la mesa, se puso de pie lentamente.

Por un instante, sintió una punzada en el corazón.

Odiaba esa sensación de pérdida. Pero, por lo visto, tampoco podía retener lo que ya se había roto.

—Por favor, póngamelo para llevar —le indicó al mesero, quien rápidamente retiró el plato.

—Vine hoy con la intención de hablar sobre tu renuncia —comenzó a decir Nanette—, pero ahora estoy completamente segura de que, en tu estado emocional actual, no es conveniente que sigas trabajando en Nube Alta. Tómate un tiempo para descansar. El día que tengas la cabeza fría, que sepas exactamente lo que haces y puedas distinguir entre lo correcto y lo incorrecto... si decides volver, las puertas de Nube Alta siempre estarán abiertas para ti.

Nanette se puso el abrigo.

—La cuenta corre por mí. Que disfrutes la comida.

—¡Nanette! —exclamó Camila, con la voz alterada—. Que yo renuncie... ¿era lo que querías?

Nanette estaba de espaldas a ella.

No quería que Camila viera la tristeza y el dolor que reflejaba su rostro en ese momento.

—Sí, exactamente. Acertaste. Me moría de ganas de que te largaras de Nube Alta lo antes posible. Ahora que se cumplió mi deseo, estoy feliz. Gracias por el favor.

Dicho esto, Nanette se marchó sin mirar atrás.

Camila se dejó caer sobre la mesa, mientras las lágrimas comenzaban a brotar sin control.

¿Qué demonios le pasaba?

Si antes de llegar se había prometido a sí misma pedirle perdón, hablar las cosas con calma... ¿por qué todo había terminado así?

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