Melba bajó las escaleras a toda prisa tras recibir la llamada.
Noel se llevó el índice a los labios, pidiendo silencio.
—Está dormida.
Melba asintió y bajó la voz al mínimo.
—¿Cómo es que llegó en su auto? ¿Y el de ella?
Él resumió lo importante.
—Fue a Colinas de Monteverde a ver a Eloísa y regresó muy mal. Melba, por favor, vigile su estado de ánimo estos días.
La preocupación inundó el rostro de la mujer.
—Esa Eloísa no es buena persona. ¡Una joven tan maravillosa y la dejó echa polvo! —Preguntó con cautela—. ¿Qué le dijo esa mujer?
La mirada de Noel se oscureció.
Él también quería saberlo.
Pero Nanette no había soltado una sola palabra.
A estas alturas, ella ya ni siquiera lo consideraba digno de escucharla.
El sonido de la puerta trasera abriéndose los interrumpió.
Nanette salió del auto.
Por instinto, Noel hizo ademán de ayudarla, pero se contuvo.
Melba se acercó y la tomó del brazo.
—Mi niña, estás pálida. Sube a descansar de inmediato.
Con los labios apretados, ella miró a la figura de pie tras Melba.
—Sí.
La señora, sosteniéndola de la mano, se dirigió a Noel.
—Sr. Cortés, ¿quiere pasar un rato?
—No, gracias. No sería prudente.
—Pero si no tiene nada de...
Melba calló de golpe, comprendiendo la situación.
—Entonces, tenga mucho cuidado en el camino, Sr. Cortés.
—Lo tendré.
Melba se llevó a Nanette del brazo, con la misma ternura que una madre guía a su hija.
Verlas alejarse alivió un poco su preocupación.
Sabía que Melba cuidaría muy bien de ella.
Solo cuando ambas desaparecieron de su vista, dejó caer los hombros, apoyándose contra la carrocería del auto. Sacó un cigarrillo y se lo llevó a los labios.
El golpe de la nicotina actuó como un bálsamo momentáneo; la liberación de dopamina adormeció su ansiedad por unos instantes.
Pero entonces, unos pasos rompieron el silencio.
Nanette caminaba de vuelta hacia él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó