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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 799

El agotamiento de Venancio era evidente, y se dirigió a Noel sin rodeos.

—Justo a tiempo, te encargo a Nanette. Estoy muerto de cansancio, me voy a dormir.

—¿Cómo viniste? —preguntó Noel.

—Manejando.

—Te llevo.

—No te preocupes, todavía tengo energía para conducir.

—¡Te llevo!

Nanette entendió que Noel temía que Venancio sufriera un accidente por el cansancio, así que intervino.

—Venancio, deja que Noel te lleve. Si te vas solo, no estaremos tranquilos.

Finalmente, Venancio cedió.

—¿Vino Isaac contigo?

—Sí —respondió Noel—. Está esperando en el auto.

—Entonces que Isaac maneje mi auto. Tú dedícate a cuidar a Nanette.

—Hecho.

Ambos acompañaron a Venancio hasta la salida.

Isaac se acercó trotando, tomó las llaves que Venancio le extendía y fue a buscar el coche.

—Vine a hablar del divorcio con ella —soltó Venancio de repente—. Aceptó. En cuanto le den el alta, firmaremos los papeles. Después de eso, dudo que volvamos a vernos las caras.

Ese desenlace parecía inevitable, así que ni Noel ni Nanette se mostraron sorprendidos.

Y mucho menos intentaron disuadirlo.

Ellos dos siempre habían sido como el agua y el aceite. Podían llegar a ser grandes amigos, pero definitivamente estaban destinados al fracaso como amantes o esposos.

Mientras veían el auto de Venancio alejarse, Nanette sintió un nudo en la garganta.

—Este caldo lo preparó Melba —dijo, extendiéndole el termo a Noel—. Venía a entregárselo, pero ya no quiero subir. ¿Podrías llevárselo tú?

Noel tomó el recipiente.

—Claro.

Nanette quiso añadir algo más, cualquier cosa para que no parecieran dos completos extraños.

Pero las palabras se quedaron atoradas en sus labios.

Ellos cuatro podrían haber sido los mejores amigos del mundo.

¿Cómo terminaron arrastrados a este infierno?

—Me voy —murmuró ella.

Noel no intentó detenerla.

—Ve con cuidado.

En cuanto Nanette subió al auto, Iris le comentó en voz baja:

—El señor Cortés no apartó la mirada de ti hasta que te fuiste. Tenía una expresión... no sé, me dio tristeza verlo así.

Nanette ni siquiera tuvo el valor de mirar por el espejo retrovisor.

—¿Tristeza por qué?

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