Jovita esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Tengo que admitir que verte así me sorprende. Jamás imaginé que el intocable señor Cortés se encargaría de trivialidades como estas.
La dureza en los ojos de Noel se suavizó un poco y la comisura de sus labios se elevó imperceptiblemente.
—Ahora soy padre. Hay cosas que quiero hacer yo mismo.
Jovita sintió que le faltaba el aire por un segundo.
—¿De verdad ese niño es tuyo?
La mirada de Noel se volvió oscura e impenetrable.
—Estoy seguro de que tu hermano ya te puso al tanto de todo.
Ella titubeó.
—Él...
—Hazme el favor de decirle a tu hermano algo de mi parte —la interrumpió Noel, con una frialdad absoluta—. Dile que deje de investigar a mis espaldas. Si quiere saber algo, que venga y me lo pregunte directamente.
Su tono era gélido, sin un rastro de cordialidad.
—El niño es mío. No hace falta ninguna maldita prueba de ADN.
—Y en cuanto al compromiso, lo cancelaré oficialmente. Si no lo he hecho ya, es solo por respeto a la amistad de nuestras familias.
—Pero si se le ocurre hacer otro movimiento sucio, no me temblará el pulso.
Jovita se estremeció.
—Noel... ¿De qué estás hablando?
—Pregúntale al presidente Zamora.
Tras la marcha de Noel, Jovita se dirigió de inmediato a la oficina principal de Automotriz Zenith.
Al irrumpir, encontró a varios ejecutivos de alto rango en medio de una junta.
Sin embargo, Adrián Zamora no se inmutó por la interrupción. Simplemente levantó una mano, dando por terminada la reunión.
Una vez que todos desalojaron la oficina, se dirigió a su hermana con tono suave.
—¿Qué sucede? Te ves alterada. ¿Quién te hizo enojar esta vez?
Esa última pregunta sobraba. La única persona en el planeta capaz de sacarla de sus casillas era Noel Cortés.
—Adrián, ¿qué demonios le hiciste a Noel?
Los ojos oscuros de Adrián se estrecharon.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó