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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 964

Era la primera vez en toda su vida que Jovita presenciaba una mirada tan fría y distante en el rostro de su propio hermano.

—Adrián...

Ver el terror y la confusión genuina en los ojos de ella hizo que el corazón de Adrián se encogiera, disolviendo toda su furia.

—¿Te... te asusté?

Jovita hizo un puchero, luciendo adorablemente herida.

—Sí... te veías irreconocible. Me diste miedo.

—Perdóname —susurró Adrián con pesar—. Es solo que no soporto ver cómo te pisotea.

Ella soltó un largo suspiro.

—Él no me está pisoteando. Desde un principio las reglas del juego estaban claras. Fui yo quien aceptó que, si alguna vez se enamoraba, podría cancelar el compromiso. Así que no puedes culparlo a él. Si alguien tiene la culpa, es...

La temperatura en los ojos de Jovita descendió hasta congelar el ambiente.

—Ojalá Nanette nunca hubiera aparecido...

***

Justo en la puerta del Centro de Recuperación Postnatal, Noel se topó de frente con Venancio y Xavier Solano.

Venancio alzó una ceja, dirigiéndose a Xavier con tono de triunfo.

—¿Qué te dije? A esta hora, Noel no podía estar en otro lado que no fuera mimando a su mujer y al niño.

Desde el día que Noel regresó de emergencia a San Lirio, había sido Xavier quien tomó el control en su lugar, viajando para reunirse con los representantes de Zuria y destrabar el negocio.

Aunque el proceso había estado plagado de trampas, al final, la alianza se firmó con éxito.

Noel sentía un agradecimiento inmenso.

—Te lo agradezco, Xavi.

Xavier mantuvo su habitual rostro inexpresivo.

—Vamos arriba a ver a Aarón.

Al ser el centro postparto más exclusivo de San Lirio, y Nanette su huésped VIP de más alto rango, el nivel de servicio era simplemente inigualable.

Seis comidas al día supervisadas por nutricionistas y preparadas por chefs de alta cocina.

Un equipo completo de enfermeras cuidaba al bebé las 24 horas del día. Nanette solo se encargaba de jugar con el pequeño durante la tarde.

Y si se aburría en su cuarentena, podía asistir a clases de yoga u otras actividades organizadas especialmente para ella.

Con ventanales de piso a techo que daban al océano, el lugar parecía un paraíso vacacional.

En ese momento, Nanette estaba sentada junto al ventanal, contemplando cómo el sol se hundía en el horizonte.

El bebé dormía pacíficamente en la habitación contigua. Era un ángel caído del cielo; solo lloraba un poco si tenía hambre o si algo le molestaba, pero el resto del tiempo se portaba excepcionalmente bien.

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