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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 101

Sin embargo, nadie esperaba lo que sucedería después.

Adrián Silva miraba a Julia; el viento jugueteaba con el cabello de la joven, y en su rostro asomaba un dejo de melancolía.

El mesero sirvió la comida y todos comenzaron a charlar animadamente sobre los chismes más recientes.

Cuando casi terminaban de comer, Marcos propuso jugar a las cartas.

Aunque Julia no toleraba muy bien el alcohol, decidió participar con entusiasmo para no arruinarle la diversión al grupo.

Marcos pidió una baraja, explicó las reglas a los presentes y comenzó a repartir.

Tres cartas para la primera persona, dos para el resto y una para el repartidor.

Cada uno debía pasar la carta que no quería al jugador siguiente. Después de determinar quiénes tomaban, el repartidor elegiría la modalidad del juego.

Póquer o veintiuno.

Había trece personas en la mesa, por lo que el repartidor debía destapar las cartas de al menos cinco jugadores.

Si las cartas del repartidor eran mayores que las de los seis elegidos, ganaba; de lo contrario, continuaba repartiendo.

Como fue Marcos quien propuso la idea, él empezó la primera ronda.

Adrián observó con disimulo las cartas en las manos de Julia, seleccionó una, se la entregó en secreto y, aprovechando que nadie prestaba atención, le hizo una señal con la mirada.

—¡Oigan, oigan! Nada de pasarse información en secreto —los señaló Marcos.

Julia pasó su carta de inmediato, encogió los hombros y soltó una carcajada.

Recordó que en sus años de escuela también hacían lo mismo: siempre se las arreglaban para hacer trampas juntos.

Cambiaban cartas por debajo de la mesa, o uno fingía ir al baño para espiar a los demás y luego le hacía señas al otro.

Si los descubrían, lo negaban hasta la muerte, por lo que muchas veces terminaban con bigotes pintados en la cara como castigo.

No obstante, la mayoría de las veces era Adrián quien asumía la culpa; si ganaban, el mérito era de Julia, y si perdían, el castigo era para él.

Todavía recordaba aquella vez que jugaban con las cartas y el travieso hijo de un vecino usó un marcador permanente para pintarle unos enormes bigotes en la cara a Adrián. No hubo forma de quitárselo.

Adrián tuvo que ir a la escuela durante tres días seguidos con aquellas marcas, soportando las burlas de todos.

Después de perder dos rondas seguidas, Marcos logró pasar el turno de repartidor. Los demás también corrieron con relativa suerte.

Julia aprendía rápido y en poco tiempo captó la esencia del juego.

Como apenas la retaban, solo había tenido que tomar un trago en toda la noche.

Llegó el turno de Adrián como repartidor. Tras recibir las tres cartas que él le entregó, Julia lo miró con evidente culpabilidad.

Capítulo 101 1

Capítulo 101 2

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