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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 103

La figura de Adrián se tensó de inmediato. Al verla tan cerca, sintió un nudo en el pecho.

Julia soltó su mejilla, bajó la cabeza y murmuró con ternura:

—Gracias, Adrián, por ayudarme a darle una paliza a ese bravucón de la escuela. No lo olvidaré.

La bebida la tenía un poco desorientada; se balanceaba suavemente al borde de la acera.

Él la llamó con voz apenas perceptible:

—Julia.

—¿Mmm?

Ella dio un paso al frente y levantó la mirada hacia él.

—¿Qué pasa?

Tenía las mejillas ruborizadas y su tono de voz era dulce e infantil, con un encanto inocente.

El sutil aroma de su perfume envolvió a Adrián.

Sus ojos parpadearon y su nuez de Adán se movió de forma incontrolable.

El canto de los grillos resonaba entre los matorrales cercanos y el aire olía a tierra húmeda.

Sus labios se veían aún más tentadores bajo la luz amarillenta de las farolas. Incapaz de resistirse, él se inclinó lentamente hacia ella.

El aliento de Julia acarició su rostro; sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Había una fuerza arrolladora latiendo en su interior.

La distancia se acortaba cada vez más, pero justo antes de rozar sus labios, Adrián apartó el rostro.

Giró la cabeza, tratando de recuperar el control de su respiración.

El viento alborotó su cabello. Dio un paso atrás, creando espacio entre los dos.

No pasaba nada; aún tenían tiempo.

Confiaba en que llegaría el día en que Julia lo aceptara de verdad.

El auto se detuvo suavemente frente a ellos y el chofer abrió la puerta.

Adrián la tomó en brazos con cuidado y la acomodó en el asiento.

Como el cuerpo de ella se balanceaba hacia un lado, él dejó que apoyara la cabeza en su hombro.

Temiendo que se mareara, bajó un poco la ventanilla para dejar entrar el aire fresco.

A través del espejo retrovisor, observó el reflejo de ambos recargados el uno en el otro, tal como lo hacían en el pasado.

Frente a aquel enorme espejo del pasillo de su antigua casa, solían apoyarse exactamente de esa misma manera.

Ella le había dicho una vez que, aunque no compartían la misma sangre, eran las personas más unidas de este mundo.

Él levantó una mano y le acomodó un mechón de cabello que le caía sobre la frente.

Por alguna razón, sintió la necesidad de inmortalizar ese instante.

Capítulo 103 1

Capítulo 103 2

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