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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 149

En la cama, Julia estaba mirando hacia el suelo, donde había una bandeja tirada.

Levantó la vista y descubrió a German en la puerta, con el rostro desencajado por el pánico.

—German, ¿qué haces tú aquí?

Julia estaba perpleja, sobre todo por su extraño aspecto.

Llevaba puesta ropa de dormir, arrastraba unas pantuflas y tenía la cabeza envuelta en vendas.

¿Qué le había pasado?

El hombre en la puerta no respondió a su pregunta. Entró a zancadas, le tomó las manos y comenzó a revisarla.

—¿Qué pasó? ¿Ocurrió algo?

Julia, confundida, retiró las manos y señaló la bandeja de plástico en el suelo.

—No es nada. Quise agarrar mi cargador y, sin querer, tiré eso.

German miró a su alrededor y, tras confirmar que ella no se había lastimado, soltó un suspiro de alivio en secreto.

Se inclinó, recogió el objeto del suelo y lo colocó de nuevo sobre la mesa.

Ella conectó su teléfono, arqueó una ceja mientras miraba la figura de su todavía esposo, y señaló su propia cabeza.

—¿Y a ti qué te pasó?

German recuperó la compostura e intentó restarle importancia: —Un golpe sin importancia. No te preocupes.

Julia torció los labios y asintió.

—Bien.

Pensó para sí misma: «¿Y quién se está preocupando?».

De pronto recordó lo que Santiago había mencionado ese mismo día, sobre su hemorragia estomacal, y dedujo que él también estaba internado allí.

German se sentó en el sofá frente a ella y la observó en silencio, sin decir una sola palabra.

El ambiente en la habitación se volvió tenso, y el silencio resultó un poco incómodo.

Sin embargo, Julia no tenía la menor intención de iniciar una conversación.

Tomó una manzana que estaba a su lado e iba a darle un mordisco, pero antes de que llegara a sus labios, una mano la interceptó.

Con la mirada baja, el hombre tomó el cuchillo de la cesta de frutas y comenzó a pelarla con gran destreza.

Su voz era profunda y no revelaba ninguna emoción: —La cáscara está muy dura; es mejor quitársela.

Julia se recostó en la cama y observó en silencio cómo movía las manos.

La peló, la cortó en trozos y acomodó cada pedazo cuidadosamente en un plato.

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