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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 89

Hace unos instantes, cuando la vio a través del ventanal del restaurante, sintió una furia genuina. La sensación de ser provocado y burlado una y otra vez lo invadió.

Últimamente, aparecían demasiados hombres a su alrededor. Uno, dos, tres... eran tantos que le provocaban náuseas.

Ella reía y compartía agradablemente con otros, pero cuando estaba con él, solo mostraba frialdad y rechazo.

Por eso entró directo. No pensó en las consecuencias, no planeó una discusión. Fue como un instinto primario de marcar su territorio, de dejar claro que ella era suya.

Pero... él no era así.

Jamás había tenido la necesidad de demostrarle nada a nadie. No lo sabía hacer, ni se dignaría a intentarlo.

Trató de hurgar en su memoria. ¿Cómo solía reaccionar cuando alguien lo desafiaba de esa manera?

Venganza, estrategias calculadas, o simplemente hacerles pagar el precio.

Al parecer, usaba todas ellas.

Pero... nunca quiso utilizar esos métodos con Julia.

Apretó los labios. Sus pupilas se fijaron en su propio reflejo en el cristal de la ventanilla del auto.

El hombre reflejado allí tenía el ceño fruncido y los labios apretados. Sin embargo, en el fondo de sus ojos, no había ni rastro del instinto despiadado y destructivo que solía tener cuando llegaba al límite de su ira.

Al observar ese rostro, German se sintió un completo extraño.

—German. —La voz a su lado lo sacó de su trance.

»¿Acaso te quedaste mudo?

Al ver que el hombre ni se inmutaba, Julia simplemente se desabrochó el cinturón, se inclinó bruscamente hacia él e intentó sacar el teléfono del bolsillo de su saco.

German giró la cabeza justo en ese instante y, por puro reflejo, se inclinó hacia adelante. En un roce fugaz y accidentado, los labios de Julia rozaron su mejilla.

Fue tan rápido que pensó que había sido una alucinación. Tan rápido que ni la propia Julia se dio cuenta.

Él se quedó congelado. La mujer sacó el celular, regresó al asiento del copiloto y abrió los mensajes para responderle a quien la estaba buscando.

German sintió que su mente se quedaba en blanco. De pronto, todos los sonidos a su alrededor se esfumaron. Ni siquiera escuchó el tono de marcación cuando Julia devolvió la llamada.

Su corazón estaba latiendo a un ritmo totalmente caótico.

Unos minutos después, el auto de Cristián se estacionó justo detrás de ellos. Diana y Cristián bajaron apresurados.

—Quita los seguros —le ordenó Julia.

Julia le envió una tabla de Excel a Lucía, levantó la mirada y sonrió levemente.

—Estoy bien, solo cruzamos un par de gritos. Es la tercera vez que me lo preguntas.

Diana torció los labios, llena de culpa.

—Lo siento muchísimo, de verdad. Jamás pensé que meterte en esto te traería tantos problemas.

Julia sonrió para tranquilizarla.

—No te preocupes. Después de todo lo que ha pasado entre él y yo, esto no es nada.

Al fin y al cabo, ya estaban en un punto sin retorno. Echándole más leña al fuego no cambiaría la gravedad del incendio.

—No intentó amenazarte con quitarte tu dinero, ¿verdad? ¿No va a intentar hacerse la víctima y acusarte de infidelidad?

Julia lo pensó un segundo y negó con la cabeza.

—No. Pensé que lo haría, pero sorprendentemente ni siquiera lo mencionó.

—Mmm... —Diana asintió, pensativa.

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