Andrea se atrevía a proponer una alianza matrimonial frente a Máximo porque creía tener un as bajo la manga.
La familia Cárdenas, que alguna vez gozó de gran esplendor, ya era cosa del pasado.
Por muy estúpido que fuera Máximo, jamás aceptaría a alguien como Gonzalo Cárdenas de suegro.
De no ser así, Nina no estaría en esa situación: embarazada y sin ningún estatus oficial.
Al final del día, la situación de Nina y Yolanda era la misma; ambas tenían madera de amantes, no de esposas.
Sintiendo que la lógica de esa mujer era absurda, Máximo se quedó sin palabras.
Ese era el problema de mantener su matrimonio en secreto.
—Pensé que la forma en que le gira la ardilla a Nancy era única, pero ahora veo que el dicho «de tal palo, tal astilla» tiene mucha base científica.
Andrea captó el sarcasmo, pero no estalló en ira como él esperaba.
—Señor Corbalán, en esta vida hay que ser realistas. El amor es algo ridículo, no se puede vivir de él.
»Espero que consideres seriamente la unión de nuestras familias desde una perspectiva pragmática.
»Nancy posee el veinte por ciento de las acciones de Grupo Villalobos. Si nuestras familias se unen, ella está dispuesta a transferirte el cinco por ciento sin costo alguno.
»Los activos de la familia Villalobos son comparables a los de la familia Corbalán. Un cinco por ciento no es una cifra despreciable.
»Además, Nancy está dispuesta a casarse sin exigir nada a cambio a la familia Corbalán.
»Sospecho que la señorita Villagrán no podría igualar una oferta así ni trabajando toda su vida.
»Si aceptas casarte con Nancy, el hijo que la señorita Villagrán lleva en el vientre podría ser adoptado legalmente por mi hija.
»Nosotros, la familia Villalobos, también estamos dispuestos a darle una generosa liquidación para que se vaya al extranjero y viva cómodamente el resto de sus días.
»Piénsalo: padre líder de la familia Corbalán, madre adoptiva de la familia Villalobos. ¿No sería esa la mejor garantía para el niño?
Ya fuera en la antigüedad o en la era moderna, el trasfondo y el poder siempre eran lo más importante.
Cualquiera con dos dedos de frente sabría qué elegir.
Al escuchar un discurso tan disparatado, lo normal habría sido que Máximo enfureciera.
Sin embargo, no solo no se enojó, sino que soltó una carcajada.
»No lo hubo antes y no lo habrá jamás.
»Si no quiere perder otra parte de su cuerpo, que se comporte y deje de provocarme sin tener un límite.
Tras lanzar la advertencia, Máximo se marchó sin mirar atrás.
Andrea se quedó sola, con el rostro ensombrecido por la ira.
Ese Máximo era un malagradecido. La familia Villalobos se había rebajado tanto y él se atrevía a despreciarlos.
—Nancy, si después de esto sigues sin rendirte, no mereces ser hija mía.
Nancy salió de la otra habitación con expresión de no resignarse e intentó correr tras Máximo.
Andrea la agarró firmemente de la muñeca.
—¡Basta! Incluso para ser patética hay que tener un límite.
No permitiría que nadie pisoteara a la hija que con tanto esfuerzo había criado.

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