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No Tan Bruja romance Capítulo 1198

—La señora Corbalán es jovencísima. Dicen que está por cumplir cuarenta, pero con ese aspecto, si me dicen que tiene dieciocho me lo creo.

Otro colega comentó:

—El señor Corbalán también se ve muy joven, ¿no? Esos dos seguro toman el elíxir de la eterna juventud.

Un compañero mayor se rio y bromeó:

—Ustedes, los novatos, no saben a qué se dedica la jefa, ¿verdad? Es una eminencia nivel tesoro nacional. Estuvo medio año en el extranjero en foros académicos y ganando premios a diestra y siniestra.

»Y en cuanto a por qué se ve tan joven, obviamente tiene que ver con sus investigaciones.

»Que los jefes mantengan esa apariencia no es lo más impresionante; lo verdaderamente increíble son los padres de ella.

»Tienen sesenta años y parecen de veinte. Esa investigación causó un revuelo gigantesco en el mundo médico hace tiempo.

»El tratamiento rejuvenecedor se cotiza a precios astronómicos en su círculo, y aun así es casi imposible conseguirlo.

Esa era la diferencia de información entre la élite y la base.

Muchas cosas ya eran vox populi en ese círculo, mientras que los de afuera tomaban noticias viejas como novedades.

Los compañeros escuchaban maravillados.

—Antón, ¿de dónde salió la jefa? ¿Es tan chingona?

Antón sonrió e ilustró a los nuevos:

—Es la heredera de la familia Dávila de San Juan de la Costa, y además una figura de primer nivel en su campo.

Rosa aún no terminaba de digerir la información cuando Antón añadió:

—¿Recuerdan los regalos que recibieron hace unos días? Los hombres recibieron el nuevo celular y las mujeres esa pulsera de marca con diamantes.

»Esos regalos fueron un bono que el jefe pagó de su propio bolsillo para consentir a los empleados.

»¿Y por qué el bono? Porque la jefa ganó siete premios internacionales consecutivos. El jefe estaba tan contento que le dio regalo a todo el mundo.

Rosa se quedó muda.

«...»

¿Entonces la pulsera que ella no quiso comprarse era solo un regalo genérico para todos los empleados?

Sacó su celular y abrió el navegador, tratando de encontrar información personal de la jefa, pero no encontró nada.

Antón notó lo que hacía Rosa y le explicó:

—El jefe cuida muchísimo la privacidad de su esposa. Cualquier noticia relacionada con ella es eliminada de inmediato por el departamento técnico.

»Con una esposa tan guapa, yo también la cuidaría como a la niña de mis ojos para que nadie la moleste.

Antón miraba a la deslumbrante señora Corbalán en el escenario y suspiró con admiración.

—La cara de la jefa es simplemente perfecta, no tiene ni un defecto.

La celebración del décimo aniversario terminó entre las felicitaciones de los empleados.

Desde que los jefes llegaron hasta que se fueron, no pasaron ni diez minutos.

Antes de irse, Máximo tomó el micrófono:

—Hoy es mi décimo aniversario de bodas y también la fiesta de bienvenida triunfal para mi esposa. Disfruten la comida y la bebida, yo invito, todo corre por mi cuenta.

Dicho esto, saludó a los empleados con la mano y, entre aplausos, salió del salón abrazando a su esposa por la cintura.

Una compañera preguntó extrañada:

—¿Por qué se van tan rápido?

Antón respondió:

—Este no es su evento principal. Seguro los amigos íntimos de los jefes ya tienen la fiesta armada en otro lado.

Cuando Máximo pasó junto a Rosa llevando a su esposa de la mano, ni siquiera la miró de reojo.

Y el atuendo exagerado de Rosa se convirtió en el tema de conversación de toda la fiesta.

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