Liam sonrió con timidez.
—Ya van tres años desde que formalizamos. No te dijimos nada porque cada quien andaba en sus cosas.
Después de graduarse, Nina se había volcado en su trabajo y en sus posgrados, con una agenda imposible. Si a sus propios hijos les costaba verla, qué decir de sus excompañeros.
Nina reconoció que se había aislado demasiado.
—Tengo que organizar algo. Una reunión con todos los amigos de la universidad.
Liam asintió entusiasmado.
—Me parece perfecto. Tú solo pon la fecha y yo me encargo de juntar a la gente.
Se notaba su experiencia como presidente de la sociedad de alumnos; Liam seguía siendo excelente para las relaciones públicas. Tras charlar un poco más, se fue a ayudar a su hermano con los invitados.
Cuando se quedaron solas, Nina aprovechó para interrogar a Cintia. Señaló discretamente hacia Ezequiel y Marisol.
—¿Esos dos saben lo suyo?
Cintia puso una cara indescriptible.
—Digamos que ya es un secreto a voces.
Nina arqueó una ceja.
—¿Y no se opusieron?
Conocía bien a los padres de Santino. Si usaron a su hijo mayor dos veces para alianzas comerciales, Liam no tendría por qué salvarse.
Cintia asintió.

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