Solo pónganle precio y lo compramos.
Estos internautas ansiosos por gastar su dinero eran, en parte, gente que había asistido a la boda de Nina y Máximo. La escena de Nina presentando a sus padres se les había quedado grabada a fuego. Personas de cincuenta años que parecían adolescentes; un rejuvenecimiento milagroso. En ese momento se rumoreó que los Dávila se veían así gracias a su hija. Claro, hubo escépticos que dudaron de si ese Andrés era el real, pero sus excompañeros de escuela sacaron fotos de anuario y confirmaron que era idéntico.
Así que, los que sabían la verdad no querían compartir el secreto con los curiosos. Nina realmente podía crear milagros. Los enterados esperaban que el precio fuera altísimo para que los pobres se echaran para atrás y ellos no perdieran su oportunidad.
—Sé que tienen curiosidad por el precio.
Cuando Nina habló, se hizo el silencio. Incluso en el chat en vivo dejaron de escribir tanto. ¿Por fin lo diría? ¡Qué nervios!
El camarógrafo le hizo un primer plano a Nina, y ella no decepcionó.
—Antes de dar el precio, tengo un regalo. Todos los presentes hoy aquí pueden recoger gratis un frasco de 50 gramos de la crema original.
El público estalló en murmullos. Era solo una crema, pero se sentían más emocionados que si hubieran ganado la lotería.
—Además, en la transmisión en vivo haremos un juego. Sacaré cinco mil afortunados entre los participantes, que también recibirán el frasco de 50 gramos de regalo.
¡No manches! Cinco mil ganadores de golpe, las probabilidades eran altísimas.


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