Entrar Via

No Tan Bruja (Nina y Maximo) romance Capítulo 1108

Yolanda forcejeó con todas sus fuerzas, pero descubrió que Ginerva tenía una fuerza sorprendentemente descomunal.

Esa postura humillante podía pasar como un juego sexual a puerta cerrada con su propio hombre. Pero frente a tanta gente, era una vergüenza absoluta.

—Señora, suélteme primero. Si tiene algo que decir, sentémonos y hablémoslo con calma.

Renato tampoco esperaba que Ginerva apareciera en su empresa en ese momento. Al ver que un grupo de subordinados seguía curioseando en la puerta, gritó furioso: —¿Qué hacen ahí? ¡Lárguense!

Los empleados, reaccionando, estaban a punto de irse cuando Ginerva rugió: —¡A ver quién se atreve a irse hoy! Al que se vaya, lo despido.

Ahora los empleados no sabían si irse o quedarse. Uno era el jefe, la otra la dueña; no podían ofender a ninguno de los dos.

Renato vio que Ginerva estaba realmente furiosa. Pensando en los intereses que Ginerva representaba, decidió que no era el momento adecuado para romper relaciones con la familia Carrillo, así que tuvo que inventar una excusa forzada.

—Mi amor, la cosa es así: esta empleada no se toma en serio su trabajo y dañó un documento importante. Me dio tanto coraje que, en un ataque de ira, decidí castigarla de esta manera.

Ginerva, en lugar de enfadarse más, soltó una carcajada.

—¡Vaya! Hoy me entero de que en Grupo Villalobos los castigos a los empleados incluyen agresiones físicas.

Renato siguió diciendo disparates con cara seria.

—Esta regla se implementó hace poco en la empresa. No solo ella recibirá azotes por cometer errores, cualquier otro empleado que se equivoque también será castigado así.

Los empleados que miraban la escena se quedaron helados.

«Ni madres», pensaron. Ninguno quería recibir tal castigo.

Lo que recibió Renato fue una fuerte bofetada de Ginerva.

—¿Hasta le dices «mi amor»? ¿Y todavía te atreves a decir que su relación es de jefe y subordinada?

—Bien, muy bien. Hoy me entero de que la basura que te estás comiendo fuera de casa es esta clase de mujerzuela barata.

—Ponerse en cuatro para que un hombre la azote... llamarla perra sería un halago.

Al pensar que el hombre con el que compartía la cama amaba a semejante zorra, Ginerva sintió unas náuseas terribles. Había aguantado demasiado en el pasado, pensando que la premisa de un matrimonio por conveniencia era dejarle al otro suficiente dignidad. Durante cinco años ella había cuidado la imagen de Renato, pero Renato nunca había pensado en cuidar la de ella.

Con el rencor acumulado, Ginerva levantó el cinturón y le dio una paliza a Yolanda con todas sus ganas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja (Nina y Maximo)