Después de comer, Máximo recibió un video de Ramiro.
En el video, Gonzalo y siete u ocho hombres estaban vandalizando con saña la entrada de Villa Arcadia.
Entonces, sucedió algo inesperado.
Los hombres armados con herramientas, como si hubieran sido hechizados, se abalanzaron de repente contra sus propios compañeros.
El grupo comenzó a golpearse sin orden ni concierto, y la escena se volvió un caos.
El ruido en el video continuaba, pero Máximo ya no tenía interés en seguir viendo.
Le preguntó a Ramiro: —¿Qué pasa ahí?
Ramiro tenía una expresión compleja. —La villa que el señor Máximo quería comprarle a la familia Cárdenas fue transferida hace poco a nombre de la señorita Villagrán.
—La señorita Cárdenas averiguó de algún modo el secreto de la villa y está presionando a su padre para quitársela a la señorita Villagrán.
—El video que vio el señor Máximo fue extraído de las cámaras de seguridad cercanas a Villa Arcadia.
—Analicé la grabación con cuidado. El estado mental de Gonzalo y su gente era normal antes de golpear la puerta.
—En cuanto hicieron el gesto de romper la puerta, parecieron caer bajo un hechizo y empezaron a pelear entre ellos.
Máximo no esperaba que la dueña de la villa que tanto le interesaba fuera Nina.
Habían hablado del tema durante el desayuno.
¿Cuál había sido su reacción?
¿Desearle que tuviera un gran negocio y mucha descendencia?
Al pensarlo, Máximo no pudo evitar soltar una carcajada.
Esa Nina no solo era una mujer exasperante, sino una zorrita astuta que sabía actuar muy bien.
Creyendo que él estaba interesado en la villa, se hizo la desentendida para burlarse de él.
Ramiro no sabía de qué se reía Máximo. —Señor Máximo, ¿quiere que busque una oportunidad para hablar con la señorita Villagrán?
—Es una chica razonable. Si el señor Máximo le ofrece un buen precio, tal vez le venda la casa.


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