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No Tan Bruja romance Capítulo 143

Hablando de eso, lo de la matriz mágica sonaba interesante.

—¿Qué experto la instaló?

—Ningún experto, la puse yo —respondió Nina.

Máximo se mostró muy sorprendido.

—¿Sabes de ocultismo y brujería?

Enseguida añadió:

—No me digas que también trabajaste para algún gran maestro para ganarte la vida.

Esa excusa ya la había escuchado demasiadas veces.

Esta vez Nina no se lo ocultó.

—Se te olvida que mi papá era brujo.

Yeray intervino:

—¿No que Gonzalo se dedicaba a los restaurantes?

Máximo fulminó a Yeray con la mirada a través del espejo retrovisor.

Yeray puso cara de inocencia.

—Señor Máximo, de verdad no recuerdo mal, él tiene restaurantes.

Nina sonrió y no dijo nada.

Máximo, sin embargo, lo entendió.

El padre del que hablaba no era Gonzalo, sino ese hombre misterioso que mencionó Nahuel, el legendario padre adoptivo de Nina, el “viejo”.

Si surgía la oportunidad, tendría que conocer a ese hombre.

El lugar para cenar era un club privado que Máximo frecuentaba; le gustaba mucho la sazón del chef.

Nina no era muy exigente con la comida; mientras llenara el estómago, le daba igual.

Era la primera vez que cenaban fuera simplemente como pareja.

Para Nina no era nada especial, pero Máximo lo consideraba su primera cita.

Aunque solo eran dos, pidieron más de diez platillos.

—¿Y Yeray? Dile que venga a comer.

Era demasiada comida para desperdiciarla entre dos.

—Aunque la familia Corbalán tiene muchas reglas, mi infancia fue bastante libre. El centro de la vida de mi papá era mi mamá, y el centro de la vida de mi mamá era que yo fuera feliz.

Nina no esperaba que hablara de su familia.

—¿Tus padres se amaban mucho?

Máximo asintió.

—Podría decirse que sí. Al menos me criaron en un hogar cálido.

—Escuché que tienes seis medios hermanos mayores, cada uno de diferente madre. Tu papá era todo un mujeriego, ¿a tu mamá no le importaba? —preguntó Nina con curiosidad.

Máximo le dio un suave toque en la nariz.

—De ahora en adelante, llámalos «nuestro papá» y «nuestra mamá».

Nina se quedó callada. ¿No iban demasiado rápido?

Máximo aclaró sus dudas:

—A mi mamá no parecía importarle. Desde que conoció a mi papá hasta que él falleció, ella vivió una vida muy refinada.

—Mi papá hizo todo lo posible para construirle un castillo de cuento de hadas, permitiéndole disfrutar de los momentos más felices de ese matrimonio sin preocupaciones.

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