Nina mantuvo una actitud firme.
—Que sea placentero o no es secundario, solo quiero embarazarme lo antes posible.
Máximo no esperaba que ella estuviera tan obsesionada con tener hijos.
—Eres joven, puedes considerar tener hijos dentro de unos años.
Nina apartó la mano con la que él le secaba el cabello y puso una cara seria.
—Fui al hospital a revisarme, estoy perfectamente sana.
Máximo arqueó una ceja.
—¿Entonces estás insinuando que el del problema soy yo?
Nina no tuvo reparos en hablar del tema.
—Tantas veces y no he quedado embarazada; creo que es necesario que te hagas un chequeo. Los estudios médicos indican que los hombres con mala alimentación y horarios irregulares tienen cierta probabilidad de tener un conteo bajo de esperma.
Máximo la interrumpió:
—Me hago chequeos anuales y mi salud es excelente. Además... —Se apoyó en la silla, acorralando a Nina entre sus brazos—. Como bien, duermo bien y no tengo ese ridículo problema de «esperma débil».
Sus dedos se deslizaron por la mejilla de Nina hasta su vientre.
—Si esto crece, ¿podrás seguir yendo a clases a la academia con una panza enorme? El bebé seguro no quiere que su mamá deje los estudios por su culpa, por eso tarda en llegar.
Nina le quitó la mano de un manotazo.
—No uses la brujería como excusa. Si ambos estamos sanos, el niño no debería tardar.
Máximo frunció el ceño.
—¿Tanta prisa tienes?
Nina asintió.



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