Y dentro de la familia Cárdenas, la única con esa clase de habilidades, aparte de Victoria, no podía ser nadie más.
Aquel día en el aeropuerto de África, Máximo ya había sospechado que esa mujer llamada Catalina era muy problemática.
Resultó que pedirle ayuda para salvar a alguien era solo una excusa; el verdadero propósito ocultaba otra intención.
Empezaba a dudar si la explosión en el aeropuerto había sido un accidente o algo provocado.
Nina dio en el clavo:
—Alguien te está tendiendo una trampa.
Máximo también se dio cuenta de que lo habían forzado a entrar en un juego de ajedrez meticulosamente planeado por alguien más.
Su tono fue muy firme:
—Victoria es solo un títere, hay alguien más detrás de ella.
Victoria sola no podría armar un complot tan grande.
Nina: —¿Sabes quién es?
Máximo: —Tengo mis sospechas.
Nina: —¿Cómo quieres jugar?
Máximo: —Pagarles con la misma moneda.
Nina se entusiasmó de repente:
—Bien, voy a preparar las palomitas, el refresco y la botana, me sentaré a esperar el show.
Máximo recordó algo de pronto.
—Ángel murió.
Nina asintió.
—Ali ya me lo contó.
Máximo: —¿Quieres saber la causa de muerte?
Nina: —Victoria tiró el último medicamento que le salvaría la vida por el inodoro.
Máximo admiró cada vez más la capacidad de Nina para obtener información.
—Es probable que se avecine una gran tormenta para la familia Cárdenas.
Ambos durmieron plácidamente.

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