En el laboratorio, Nina encendió todos los equipos. Colocó las siete muestras que el personal de Lucía le había entregado en los instrumentos para su análisis. Tal como había dicho, realizó los siete experimentos simultáneamente.
Cuando los cambios en las muestras comenzaron a aparecer bajo el microscopio, una leve sonrisa asomó en la comisura de sus labios. Afortunadamente llevaba traje de protección, cubrebocas y gafas, por lo que Dylan y los demás no podían ver ninguna expresión a través del monitor.
No podía creer que la gente del Laboratorio Génesis le hubiera dado siete grupos de muestras virales. Ébola, fiebre amarilla, dengue, mosquito Aedes aegypti... Y el último grupo era el más interesante. Resultó ser el Virus R, con el que ya había tenido contacto anteriormente.
En efecto, Nina no solo conocía el Virus R, sino que ya había lidiado con él.
De repente, la voz de Dylan sonó por el altavoz del laboratorio.
—Nina, detén todos tus experimentos inmediatamente. Organizaré al personal para desinfectar y limpiar el laboratorio, y te llevarán a la sala estéril para una desinfección completa.
Nina miró hacia el altavoz.
—El experimento ya va a la mitad, si paro ahora, todo el esfuerzo anterior habrá sido en vano.
No detuvo sus movimientos y continuó analizando los datos de cada muestra.
—Mi regla es que una vez que entro al laboratorio, no salgo fácilmente si no obtengo los datos ideales.
Dylan no esperaba que Nina fuera tan terca. ¿Cómo decirle que la muestra de virus que estaba estudiando podría provocar un desastre devastador si se filtraba?
Lucía no pudo evitar recordarles:
—Jefe, el laboratorio donde está Nina tiene instalado un sistema de autodestrucción.
Incluso si el Virus R realmente se filtraba, bastaba con activar el sistema de autodestrucción para evitar cualquier catástrofe.
Dylan frunció el ceño con disgusto.
—¡Jefe, hay problemas!
A través de la pantalla, todos presenciaron una escena extremadamente peligrosa. Un ratón blanco había aprovechado un descuido de Nina para escapar. Se movió ágilmente sobre la mesa de experimentos y corrió directo hacia el área del Virus R.
La voz de Dylan tembló de ansiedad. Gritó por el micrófono:
—¡Cuidado!
Desafortunadamente, la advertencia llegó un paso tarde. El ratón fugitivo pisó la muestra del Virus R. Y lo que era peor, no solo la pisó, sino que, como si hubiera encontrado un manjar, comenzó a lamer la muestra.
¡Se acabó! Realmente sucedía lo que más temían. Una vez que ese ratón escapara, casi podían prever el desastre inminente ante sus ojos.
Nina, que estaba registrando otros datos, escuchó la voz ansiosa de Dylan por el altavoz, pero ni siquiera volvió la cabeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja
Como puedo hacer para registrarme...