El resultado fue que sus comentarios se perdieron rápidamente entre el mar de bots comprados por Victoria.
Eso hizo que Alicia pasara varias noches sin dormir del coraje.
Cuando Victoria finalmente fue expuesta en internet, Alicia disfrutó del espectáculo como nadie.
No esperaba que al salir hoy, le tocaría ver la secuela en vivo y en directo.
Como había pocos clientes a esa hora, los meseros de la cafetería salían uno tras otro a ver el argüende.
Después de ver el show, regresaban para informar a los clientes con las últimas noticias.
—¿Saben por qué le están pegando a esa influencer? Hace poco dijo que salvó a una niña.
—Luego se descubrió que no solo no la salvó, sino que casi la mata.
—¿Ven a esa mujer que le jala el cabello? Es la mamá de la niña.
—Al enterarse de que la influencer casi empuja a su hija bajo las llantas de un coche y luego usó el incidente para dárselas de santa en internet, la madre no lo soportó.
—No sé si fue mala suerte de Victoria o suerte de la señora, pero se toparon en la calle.
Con la narración entusiasta de los meseros, la pelea afuera se intensificaba.
Victoria tenía algo de astucia, pero en cuanto a fuerza física era una inútil.
Desde que aquel viejo pervertido de Agustín abusó de ella, vivía en la desesperación diaria.
Había pedido una semana de licencia en la academia alegando mala salud.
Pensó en salir a tomar aire, pero quién diría que se cruzaría con la madre de la niña.
¿A qué santo había ofendido para tener tan mala racha últimamente?
Primero Esperanza le dio una paliza.
Luego Agustín la usó y desechó.
Y ahora una loca la interceptaba en la calle para golpearla salvajemente.
Cuando una fuerte cachetada impactó en el rostro de Victoria, su ira llegó al límite.
—¡Basta! Si me tocas un pelo más, llamaré a la policía y haré que te pudras en la cárcel.
La respuesta para Victoria fue otra bofetada que le llovió en la cara.
Dentro de la cafetería, al ver a Victoria recibir su merecido, Alicia no pudo evitar reírse por lo bajo.
—Se lo merece. Gente como Victoria, que está podrida por dentro, necesita lecciones así.
—Maldita sea, al final usaste las artes prohibidas. ¿Acaso no valoras tu vida?
Cuando Alicia intentó arrebatarle el objeto, Nina ya lo había guardado tranquilamente en su bolso.
—Ni te molestes. Mientras veías el chisme, ya descifré la contraseña del chip.
Con tal de descubrir la verdad de lo que pasó hace un año, Nina estaba dispuesta a usar cualquier medio.
Aunque el chip estaba desbloqueado, las carpetas internas seguían encriptadas.
Para ver el contenido, tendría que esforzarse un poco más.
Por suerte, las siguientes contraseñas no eran tan brutales como la de Nivel S.
—Tú...
Alicia ya no encontraba palabras para regañar a Nina.
Nina cerró su laptop con un movimiento elegante.
—Bueno, en lugar de gastar fuerzas regañándome, mejor ve a hacerle cariñitos al señor Benítez.
—Tengo que salir de viaje un rato. Lo que tengas que decirme, me lo dices cuando regrese.

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