Dentro del club privado Monarca 1908, el ambiente era extrañamente tenso.
El hombre sentado frente a Máximo rondaba los treinta años.
Tenía un rostro dominante y arrogante, con una presencia tan fuerte que era imposible ignorarla.
En cambio, la situación de Isaac era bastante lamentable.
No solo estaba atado de pies y manos como si fuera un paquete, sino que tenía la boca tapada con cinta industrial plateada.
Intentaba incorporarse en el sofá, pero los dos gorilas que lo custodiaban lo empujaban de vuelta hacia abajo.
Su postura era, por decir lo menos, humillante.
Con la movilidad restringida y la boca sellada, Isaac solo podía fulminar con la mirada al hombre que lo había secuestrado.
El hombre sostenía un puro entre los dedos y dio una calada con total tranquilidad.
Exhaló el humo directamente a la cara de Isaac, haciéndolo toser.
Isaac, con los ojos inyectados de furia, lanzó una patada directa al estómago del hombre.
No se contuvo ni un poco.
Por desgracia, el otro fue demasiado rápido.
No le dio.
Y no solo no le dio, sino que por el impulso excesivo casi sale volando del sofá.
Si no fuera porque los guardaespaldas lo sostuvieron, habría hecho el ridículo.
Isaac soltaba unos «mmh mmh mmh» furiosos mirando al hombre; claramente estaba soltando insultos, y seguramente muy fuertes.
Pero con la boca tapada, nadie entendía ni jota.
El hombre que casi recibe la patada hizo un gesto a sus guardias.
—Ya que las piernas tampoco se están quietas, amárrenselas también.
Los guardaespaldas iban a obedecer cuando Máximo decidió intervenir.
—Rafael Lavigne, ya párale, ¿no? Todavía estoy yo aquí sentado.
Hizo una seña a su propio subordinado.
—Ve y quítale las cuerdas al señor Serrano.
Cuando el guardaespaldas se acercó, Rafael estiró su larga pierna para bloquearle el paso.
—Máximo, tú me conoces. «El fin justifica los medios» ha sido mi lema desde que era niño.
—Si no te parece, nos damos de trancazos aquí mismo.
—De todos modos ambos traemos seguridad. En cuestión de fuerza bruta, nunca me he achicado ante nadie.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja