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No Tan Bruja romance Capítulo 72

Al escuchar la voz familiar de Gonzalo saliendo del altavoz, Alma comenzó a temblar de pura rabia.

Por un momento olvidó dónde estaba y empezó a gritarle al teléfono: —¡Gonzalo! ¡Eres un asco! ¿Cómo te atreves a revolcarte con una pinche vendedora vieja y comerte sus sobras...?

Al otro lado de la línea se hizo un silencio sepulcral.

La vendedora estaba a punto de llorar del susto. —Señora Cárdenas, déjeme explicarle.

Alma levantó el celular y se lo estampó con fuerza en la nariz a la empleada.

La mujer, totalmente desprevenida, soltó un alarido de dolor y se cubrió la nariz gritando: —¡Ayuda! ¡Llamen a una ambulancia, me rompió la nariz!

Nadie se atrevió a acercarse, porque Alma estaba fuera de sí.

Se abalanzó sobre ella, la agarró del cabello y comenzó a darle cachetadas a diestra y siniestra en su joven rostro.

El sonido de las bofetadas resonaba con fuerza.

En un abrir y cerrar de ojos, la vendedora sangraba por la boca y la nariz.

Al ver su integridad amenazada, la empleada decidió defenderse y pronto ambas terminaron rodando por el suelo en una pelea callejera.

Esta vez, la multitud de curiosos aumentó, bloqueando la entrada de la joyería.

El incidente alertó rápidamente a los guardias de seguridad, que corrieron a separarlas.

Alma y la vendedora terminaron con el cabello revuelto, el maquillaje corrido y las joyas y bolsas esparcidas por el suelo.

La vendedora se llevó la peor parte: su camisa estaba hecha jirones y el sostén se le había desabrochado, dejando gran parte de su cuerpo expuesto.

Alma tampoco salió ilesa; tenía varios rasguños en la cara y ya no quedaba ni rastro de la imagen de gran estrella que solía proyectar.

La farsa terminó cuando los guardias lograron controlarlas.

Como la atención de todos estaba en la pelea entre Alma y la empleada, Nina pasó desapercibida.

Después de disfrutar del espectáculo gratis, Nina decidió irse discretamente.

Nina guardó su bolígrafo y sacudió el polvo inexistente de la solapa del hombre. —Lo siento, caballero. ¿No lo lastimé?

Elías miró a Nina con una expresión indescifrable.

Aunque la chica llevaba cubrebocas, se notaba que tenía facciones hermosas.

Especialmente sus ojos, bonitos como un mar de estrellas, infinitos y profundos.

Tanto él como Fernando habían crecido en el ejército, expertos en combate cuerpo a cuerpo; rara vez encontraban un rival digno en cuanto a fuerza.

Pero hace un momento, incluso con Fernando y él juntos, no pudieron con ella.

¿Qué tan aterradora era su verdadera fuerza?

Fernando expresó la duda de Elías: —Señorita Villagrán, ¿ha estudiado karate?

Le llamaba la atención ese bolígrafo especial que parecía no soltar nunca.

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