Nina se frotó la sien dolorida con una mano.
—Mantenerlo con vida es una responsabilidad que cumplo por un viejo conocido.
Si no fuera por esa conexión con Simón, no le importaría si Luciano vivía o moría.
—¿Te molestaría hablar de ese viejo conocido?
Ese era un tema que Máximo tampoco se había atrevido a indagar demasiado.
Al pensar en Simón, la mente de Nina se llenaba de imágenes de él siendo torturado.
Temía que, si seguía pensando en ello, perdería el control.
—Dejemos ese tema por ahora, hay algo que quiero preguntarte.
La expresión de Nina se volvió muy seria.
—Tu exnovia estuvo recuperándose en el extranjero más de un año, ¿de verdad fue por leucemia?
Máximo tosió ligeramente.
—Estrictamente hablando, no cuenta como mi exnovia.
Mientras no hubieran formalizado nada, no contaba como una relación oficial.
Nina: —Eso no importa, solo quiero saber qué enfermedad tenía en ese entonces.
Máximo no pudo dar una respuesta precisa.
—Cuando me dijo que no la contactara más, realmente no volví a contactarla.
—Qué le pasó después o a dónde fue, no lo sé y no me interesa saberlo.
Nina bromeó: —Así que también tienes tu lado rencoroso.
Máximo la tomó de la mano, obligándola a mirarlo a los ojos.
—No tiene que ver con rencor, simplemente dejé ir un sentimiento que no era para mí.
Nina preguntó de forma directa:
—Si ella no se hubiera ido en ese entonces, ¿estarían juntos ahora?
Máximo respondió:
—Ese tipo de preguntas hipotéticas suelen tener solo dos respuestas.
—O sí o no.
Esa respuesta, bastante astuta y diplomática, hizo que Yeray soltara el aire que estaba conteniendo.
Pensó que el señor Máximo, que no era bueno con las palabras dulces, daría una respuesta equivocada. Resultó que se preocupó en vano.
Nina tomó a Máximo por la barbilla con una mano, dejando escapar una sonrisa traviesa.
—Ximito, recuerda bien lo que dijiste hoy.
—Yo tengo muchas cosas buenas, pero mi carácter no es una de ellas.
—Si no se meten conmigo todo bien, pero si me buscan, el resultado será que o ella muere o muero yo.
—Espero que llegado el momento no te metas donde no te llaman, o temo que te quedes atrapado en medio y sea difícil para ti.
Máximo tomó la mano que ella tenía en su barbilla y aprovechó para atraerla a sus brazos.
—No andes diciendo la palabra «muerte» a cada rato; estás muy joven para andar echando la sal.
Nina se recargó tranquilamente en su hombro, con el aroma único de Máximo rodeándola.
Los videntes no pueden leerse su propia suerte; era un secreto a voces en el gremio.
Pero en ese momento, tenía el presentimiento de que esta paz actual no era más que la calma antes de la tormenta.

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