Gracias a la organización de Máximo, los magnates comerciales que querían colaborar con Nina se reunieron en Puerto Neón.
Estaban todos, excepto la familia Villalobos, a quienes Nina había excluido deliberadamente.
Santino Benítez, presidente del Grupo Benítez, y Dante Hidalgo, del Grupo Hidalgo, conocidos junto con los Villalobos como las «Tres Familias de Puerto Neón», estaban presentes.
Desde que vio las piezas de exhibición que Nina lanzó en la feria de tecnología, Santino se había interesado en desarrollar el campo de la inteligencia artificial.
Dante, conocido como el padrino del mundo del espectáculo, había invertido en varios proyectos cinematográficos de gran éxito en los últimos años. Al mismo tiempo que llenaba sus arcas, quería destinar parte de su capital a negocios secundarios.
Rodrigo, quien rara vez trataba con estas familias, también estaba en la lista.
Además de estos tres, Rafael Lavigne de Puerto Nuevo y Cristian Dávila de San Juan de la Costa también figuraban entre los invitados.
—Isaac, ¿tú qué haces aquí?
La aparición de Isaac sorprendió un poco a Nina.
Ignorando la mirada asesina de Máximo, Isaac le dio a Nina un fuerte abrazo.
—Nina, he venido especialmente como parte de tu «familia» para apoyarte.
—En esto de buscar socios, hay que tener mucho cuidado.
—Eres muy joven y no conoces la maldad del mundo.
—Todos los que vinieron hoy son unos comerciantes famosos por ser unos tiburones.
—Conmigo aquí, evitaré que se aprovechen de algún vacío legal y te hagan caer en una trampa.
Al ver que Isaac se pasaba de la raya, Rafael le dio una palmada en el hombro y lo arrancó de Nina.
—Disculpen todos, se me olvidó ponerle la correa antes de salir; no esperaba que este se escapara solo.
Isaac fulminó a Rafael con la mirada.
—¿Acaso no sabes hablar como la gente normal?
Rafael le devolvió una sonrisa fría a Isaac.
—No olvides la misión que tienes sobre los hombros. ¿Ya encontraste las pruebas que debías buscar? ¿Resolviste los problemas que tenías que resolver?
—Te confiaron un caso enorme, han pasado un montón de días y no has completado ni la mitad.
—Vine a Puerto Neón a tratar asuntos serios, y tú te pegaste a mi coche descaradamente solo para venir a criticarme frente a la señorita Villagrán llamándome tiburón.
—Dices que yo no hablo como gente normal, ¿acaso tú has dicho algo coherente?

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