—¿Tanta prisa por rechazarme? ¿Acaso crees que no soy suficiente para ti?
Nancy se soltó de un tirón.
—Ya me gusta alguien más.
Luciano usó su fuerza bruta para no soltarla.
—¿Quién es el valiente que se atreve a ir tras la mujer que le gusta a Luciano?
En su desesperación, Nancy soltó el nombre de Máximo.
—Todo Puerto Neón sabe que Máximo es mi pareja destinada.
Luciano soltó una carcajada como si hubiera escuchado el chiste del siglo.
—¿Estás mal de la cabeza? Máximo ya tiene a alguien. ¿Acaso quieres ser la amante?
Luciano dijo esa última frase en voz muy alta.
Los comensales del restaurante voltearon a ver.
Aun así, nadie se atrevió a intervenir.
Quien armaba el lío era Luciano, el tirano del círculo social. Convertirse en su enemigo era garantía de terminar hecho polvo.
Nancy se dio cuenta de que Luciano solo quería humillarla.
—Señor Monroy, ¿acaso quiere declararle la guerra a la familia Villalobos por culpa de Nina?
Luciano se hizo el desentendido.
—Cariño, no entiendo de qué hablas.
Nancy rechinó los dientes de rabia.
—Sigue diciendo estupideces y te mandaré una demanda.
Luciano sonrió con descaro.
—Entre tú y yo, una demanda es demasiado formal.
Nancy iba a replicar, pero Luciano le tapó la boca con el dedo índice.
—Hoy no es el lugar adecuado. Decirte estas cosas en público te incomoda.
Delante de todos, Luciano le entregó una tarjeta de acceso.

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