Nina no pudo evitar reírse.
—No hagas que parezca que quiero robarte tu propiedad.
Máximo mantuvo una expresión seria.
—Que tú me robes una propiedad sería un honor para mí.
Nina se quedó sin palabras. De alguna manera, sentía que había manipulado psicológicamente a este hombre.
—Deja de decir tonterías y levántate, tengo que ir a la academia al rato.
Máximo, en pijama, miró a Nina con lástima.
—Me teletransporté en el sueño y no traje ni abrigo ni zapatos.
Eso sí era un poco vergonzoso. Algo así solo había pasado cuando recién se conocieron. Sin otra opción, Nina tuvo que llamar a Ramiro para que trajera ropa. Para evitar que se repitiera lo de aquella vez, Ramiro ya tenía todo un kit preparado en la cajuela.
Media hora después, tras lavarse la cara, rasurarse y ponerse el traje, Máximo volvió a ser el ejecutivo de élite de siempre. Esa mañana, ninguno mencionó la pelea de la otra noche. El desaguisado de hace dos días fue convenientemente olvidado.
La parejita salió junta y vieron a Silvia, que llevaba rato esperando en la puerta. Silvia iba a acercarse, pero se asustó al ver a Máximo.
—Perdón, pensé que...
Silvia había visto al señor Corbalán antes en la oficina del subdirector de la Academia Omega. Pero en ese entonces, los perros falderos de Esperanza Peñalosa la habían dejado golpeada y no tenía cabeza para nada más. Temiendo ser inoportuna, Silvia se despidió rápidamente de Nina.
Los días pasaron tranquilos. Para consentir a Nina, Máximo se ofreció a cocinar. Verlo con el delantal puesto, lavándose las manos para preparar la comida, era una imagen bastante encantadora.
Nina sacó su celular y capturó el momento. Al ver que lo grababa, Máximo sonrió radiantemente desde la cocina. Por un instante, Nina dudó de sus ojos. Máximo con delantal se parecía un poco a Simón.
Ahora que lo pensaba, tenían muchas similitudes. Nacieron el mismo año, mes, día y hora, y su complexión era similar. Especialmente la mirada, eran casi idénticos. No lo había notado antes porque Simón rara vez usaba ropa formal, mientras que Máximo, como élite empresarial, vivía en trajes a la medida. La diferencia en vestimenta hizo que Nina pasara por alto muchas cosas.
Mercurio dijo que ella y Simón no tenían destino juntos, pero le ató el Lazo Gordiano con Máximo. Dos personas nacidas el mismo día y a la misma hora: con uno tenía destino y con el otro no. ¿Qué misterio había detrás? Lástima que los aprendices de brujería no podían leer su propio destino.
Máximo se acercó con la comida lista.
—Nina, ¿me estabas tomando fotos?

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