Adela se colgó del brazo del hombre frente a Nina y Alicia.
—Les presento a mi novio, Carlos Pizarro.
—Carlos, ella es la prima de la que te hablé, Alicia. Y ella es su amiga, Nina.
Carlos asintió caballerosamente hacia Nina y Alicia.
—Bienvenidas al cumpleaños de Adelita.
Físicamente, tanto Alicia como Nina eran bellezas excepcionales. Especialmente Nina, que era como un reflector andante; a donde iba, llamaba la atención. Pero Carlos parecía solo tener ojos para Adela. Se mostraba indiferente ante cualquier mujer que no fuera ella.
Eso no tendría nada de raro en una pareja enamorada que quiere gritarle al mundo que son inseparables. Pero, de algún modo, Nina sentía que algo no cuadraba entre Adela y Carlos.
Al mirar a Carlos a los ojos discretamente, Nina descubrió la anomalía. Ese Carlos tenía una expresión extraña y la mirada vacía, como si le hubieran hecho un amarre.
Con razón Adela olía a esas hierbas raras cuando la recibió. Si no se equivocaba, el aroma en Adela estaba relacionado con el hechizo.
Miró a Alicia, y Alicia le devolvió una mirada cómplice, como preguntando si ya había notado el secreto.
Adela dijo sonriendo:
—Alicia, atiende a la señorita Villagrán un momento, Carlos y yo volvemos enseguida.
Alicia le hizo un gesto con la mano.
—Vayan tranquilos.
En cuanto se alejaron, Alicia se pegó a Nina.
—¿Notaste algo raro en Carlos?
Nina miró a Alicia de reojo.
—Para empezar, ni siquiera sabía que tenías una prima aquí en Puerto Neón.
Alicia rio entre dientes.
—Mis papás son de aquí, tener parientes en la ciudad no es nada del otro mundo.
—No te la había mencionado porque no lo vi necesario; las familias no conviven mucho.
—Si no fuera por vengar a Simón, crees que me pondría a visitar parientes lejanos.
Alicia señaló con la barbilla hacia donde se fueron Adela y Carlos.

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