Silvia aún no se sentía satisfecha, así que le clavó la espada atravesándole la mano. Aunque por dentro se moría de miedo, el placer de la venganza y los gritos desgarradores del mayordomo la llenaron de una excitación inusual. Si la ley lo permitiera, habría despedazado a ese pervertido que la torturó.
Viendo al mayordomo agonizante, Silvia miró a Nina buscando aprobación.
—¿Ahora tengo derecho a subirme a tu barco?
En la mirada de Silvia, Nina vio el deseo de complacer y la expectativa. Sabía que alguien que aspiraba a ser forense no podía ser una cobarde.
Antes de que Nina pudiera responder, Luciano llegó con decenas de sus guardaespaldas de confianza tras recibir el aviso.
—Nina, ¿atrapaste al culpable?
Nina no respondió a Luciano, sino que levantó al mayordomo por el cuello y le exigió:
—¿De quién es el corazón que tiene Nancy en su cuerpo ahora?
El mayordomo, a quien solo le quedaba un hilo de vida, le dedicó una sonrisa fría.
—Así que vienes a vengar a esa basura del pasado.
Luciano se acercó a grandes zancadas, levantó el brazo y le dio una bofetada brutal al mayordomo.
—¿A quién carajos llamas basura?
Iba a darle una patada, pero Nina lo detuvo a tiempo.
—¿No ves que nos está provocando a propósito para buscar una muerte rápida?
Nina agarró el cabello del mayordomo con brusquedad, obligándolo a mirarla a los ojos.
—Frente a mí, morir no es tan fácil. Tendones cortados, dientes rotos, huesos fracturados… son solo los intereses que debes pagar. Imagina qué tipo de venganza les espera a aquellos que se mancharon con la sangre de Simón. ¿No quieres decirme de quién sacaron el corazón para Nancy?

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