Al pensar en la situación de Nina en ese momento, Máximo se sintió lleno de culpa.
—Lo siento. Antes de ir a la cita, debí avisarte.
Sabía que cualquier explicación extra sonaría a excusa.
Que Nina estuviera dispuesta a hablar con él calmadamente en este momento era darle mucho crédito.
Cualquier otra esposa, al enterarse de que su marido se citó con otra mujer...
Y que al querer pedir explicaciones no entraran las llamadas... seguro habría estallado de furia en el acto.
Nina siempre decía que tenía mal carácter.
Pero ante las cosas importantes, su temperamento era bastante bueno.
Nina nunca fue de las que no perdonan cuando tienen la razón.
—Ya que tuviste la voluntad de confesármelo, dejemos este asunto aquí.
Regresaron a Bahía Azul muy tarde.
Antes de dormir, Máximo finalmente preguntó lo que le inquietaba.
—Te has esforzado tanto en ir contra la familia Villalobos, ¿puedo preguntar la razón?
Pensó que Nina evitaría la respuesta como antes, pero esta vez contestó.
—Nancy robó algo muy importante y tengo que encontrar la forma de recuperarlo.
—Para ser exacta, esa cosa no es mía, es de Simón, pero para mí es igual de importante.
Era la primera vez que Nina mencionaba a Simón frente a Máximo.
El nombre «Simón» le resultaba extraño a Máximo, pero al mismo tiempo le provocaba una familiaridad indescriptible.
—¿El hombre que te cargaba en la foto, ese es Simón?
En la oscuridad, Nina soltó un suave «mjm».
Sabiendo que no debía seguir preguntando, Máximo eligió una forma de autotortura.
—¿Dónde está él ahora?
El aire se congeló por unos segundos antes de que Nina respondiera.
—Hubo un accidente; por ahora lo tengo escondido en Villa Arcadia.
Sin darle oportunidad a Máximo de preguntar más, Nina se dio la vuelta.

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