Nina quiso decir que ella y Máximo se veían todos los días, así que darse regalos o dinero no era necesario.
Máximo le hizo una seña a Ramiro.
Pronto, Ramiro trajo una caja de regalo que tenían preparada.
La caja era cuadrada, varias veces más grande que una hoja tamaño carta.
El envoltorio era rosa y tenía un gran moño atado encima.
Tomando la caja de manos de Ramiro, Máximo se la entregó personalmente a Nina.
—Nina, ¡feliz Nochebuena!
Nina preguntó con cara de duda: —¿No me digas que ahí adentro hay un pastel hecho por ti?
Sopesó la caja; la posibilidad de que fuera un pastel era muy alta.
Estaba a punto de abrirla cuando Máximo la detuvo con la mano.
—Lo que hay adentro, míralo en la habitación.
Nina intentó abrirlo de nuevo: —Si es un pastel, deja que lo comamos todos juntos.
Máximo volvió a impedirlo, mostrando una sonrisa misteriosa.
—Este pastel solo lo hice para que te lo comas tú sola.
Frida se unió a la broma riendo: —Mira qué codo te ves, como si tuviéramos miedo de que nos lo comiéramos nosotros.
Diciendo esto, ayudó a Máximo a evitar que Nina abriera el regalo.
—Ya que Maxi lo hizo solo para ti, no te lo vamos a quitar, llévatelo al cuarto y cómetelo con calma.
Nina quería decir que no le gustaban las cosas dulces, pero ante la insistencia de madre e hijo, no pudo hacer nada.
Tuvo que aguantarse las ganas de abrir la caja frente a todos.
Entre risas y bromas, la gran ceremonia de regalos finalmente terminó.
Como Nina estaba embarazada, poco después de las campanadas de Año Nuevo, se moría de sueño y se le cerraban los ojos.
Máximo mandó a alguien a que la acompañara a la habitación a descansar, mientras su madre lo retenía para interrogarlo.
—Lo mío con Nancy siempre ha sido inocente, de principio a fin.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja