Nina hizo una mueca de disgusto.
—Ya te dije que no me digas tía. Por edad, tú eres más grande que yo, me haces sentir vieja.
Sabrina asintió frenéticamente.
—Está bien, mientras no cuentes mis trapos sucios, te llamaré como tú quieras.
Al ver a Sabrina tan dócil, a Nina le entró un poco de curiosidad por el chisme.
—En ese video, ¿te tendieron una trampa?
Sabrina sintió que había encontrado comprensión.
—Tienes buen ojo. Todo fue culpa de mi inmadurez, me junté con malas amistades, tomé el mal camino y me agarraron de bajada.
—Por favor, guárdame el secreto. Si mi papá se entera, me rompe las piernas.
Nina preguntó con curiosidad:
—¿A Lucrecia Corbalán le rompió las piernas tu papá?
Sabrina: —¿Qué tiene que ver mi hermana?
Nina: —¿No fue estafada por una estrella de cine llamada Rakan?
Sabrina: —¿Cómo sabes eso?
Nina: —Ximito me lo contó.
Sabrina no pudo evitar mirar hacia donde estaba Máximo socializando con los parientes.
—Quién diría que mi frío y distante tío Máximo también tiene el pasatiempo de chismear a espaldas de la gente.
Ambas iban en la misma escuela y tenían edades similares, así que poco a poco surgieron más temas de conversación.
Entre la plática, Sabrina mencionó a Victoria Cárdenas.
—Ya dictaron sentencia en el caso de tu hermana y el hombre más rico de Puerto San Luis, Agustín Martínez. Dicen que los Martínez contrataron a un abogado buenísimo.
—Originalmente podrían haber sido tres años con libertad condicional, pero con las maniobras del abogado, le dieron siete años directos.
—Victoria tiene muy mala suerte; tenía un futuro brillante esperándola, y se le arruinó la vida antes de graduarse.
Después de haber atacado a Nancy frente a todos, Nina sentía que les debía una explicación.
Ya fuera Fernando Ríos, Rafael Lavigne, Santino Benítez o Dante Hidalgo, cuando ella sacó el cuchillo para acabar con Nancy, la actitud de ellos fue de apoyo total, no de estorbar con miedo. Ese fue el mayor respaldo que le pudieron dar.
Nancy había escapado de la muerte y seguro iría a quejarse con sus padres y hermanos.
Eso significaba que, inevitablemente, los Villalobos considerarían enemigos a quienes asistieron a esa fiesta.
En asuntos importantes, Nina siempre era correcta.
Ya que sus aliados estaban dispuestos a estar en el mismo barco, debía recompensarlos como correspondía.
Además de sus dos mejores amigos, Isaac Serrano y Alicia Vargas, Luciano Monroy también fue invitado de honor, como era de esperarse.
Desde que supo la relación entre Luciano y Simón, Máximo sentía, sin querer, cierta cercanía hacia él.
Tal vez eso era el efecto del campo magnético del que hablaba Mercurio.
Ante la invitación de Nina, todos respondieron con entusiasmo.

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